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martes, 19 de enero de 2016

Adiós a un amigo

La madrugada del 09 de enero, abandonó físicamente este mundo el Dr. Eduardo Giorlandini, abogado que dedicó su carrera en la materia a la defensa de los derechos de los trabajadores; académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo con numerosos libros en su haber; afiliado al partido radical y biógrafo de Ricardo Balbín; tanguero, poeta, amante de la investigación, uno de los autores de la única biografía de Carlos Di Sarli... y sobre todo, un hombre íntegro, de sinceros sentimientos y palabra, generoso, dueño de una simpatía entradora y de un saber inestimable. 
Fue autor de unos 46 libros. En 2009, el Concejo lo declaró personalidad destacada por su “prolífera trayectoria como periodista, escritor, pensador, político y conocedor de las costumbres populares del país”.
Fue docente e investigador durante más de 4 décadas y transitó todos los niveles del sistema educativo formando a más de 26.000 estudiantes.
En su cátedra de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social, dictada en la Universidad Nacional del Sur, Giorlandini se mostró como un defensor de los derechos de los trabajadores, inculcando en el alumnado una visión humanitaria y social, señalando los abusos perpetrados por el sistema social y económico contra los sectores más vulnerables de la sociedad.
Dentro del ámbito de la UNS fue director del Centro de Estudios y del grupo multidisciplinario de investigación sobre trabajo humano, así como del seminario en los departamentos de Ciencia de la Administración y de Derecho.
También se desempeñó como docente en la Universidad Tecnológica Nacional.
En 1966 fue incorporado como miembro académico en la Academia porteña del Lunfardo y como investigador adjunto en el Instituto de Filología Experimental.
Eduardo junto a Alberto Podestá
Publicó trabajos de su autoría en las ciudades de Quito, Méjico, Ginebra, California y Porto Alegre, por citar algunas.
Realizó tareas de investigación en la Universidad de Palermo en Sicilia, Italia y fue becario en Alemania.
En 1995, la asamblea de estudiantes en el departamento de Ciencias de la Administración de la UNS fue elegido como mejor profesor, junto a otros 2 colegas.
Recibió numerosos premios y distinciones por sus trabajos, sus libros y otros 300 escritos, en forma de ensayos, comunicaciones académicas, papeletas, notas de cátedra, monografías y artículos científicos y periodísticos.
Entre muchos poemas de Eduardo que se transformaron en canciones figura "Aguja Brava" en colaboración, nada menos, que con Edmundo Rivero. En el libro "Una Luz de Almacén", el cantor cuenta la historia del tango que comparte con el Dr. Giorlandini, de quien fue, además, íntimo amigo. Al respecto Giorlandini dijo alguna vez:

Distinción a la trayectoria, II Jornadas Gardelianas de Bahía Blanca, junio 2011

Si bien colaboré con el libro, junto a otros amigos y por lo cual el cantor nos agradeció en el final de la obra, no tuve oportunidad de contarle con detalles como escribí la letra. El personaje existió. La historia me la contaron. Yo la reflejé tal como la escuché, con alguna variante. En un café un día el amigo que me empujó a escribirla me dijo: “¿Ves ese tipo que está en esa mesa, de camisa blanca y pantalón oscuro?. Es “Aguja Brava”.
Yo le puse, o intenté ponerle humor al asunto. Hasta creí que era una historia de mala vida. Pero el periodista Miguel Ángel Cavallo expresó que era una historia de amor, en cierto ambiente y con un lenguaje lunfa de cripta.
El tango se estrenó en Caño 14. Desde ese momento Rivero debía cantarlo todas las noche. Y al igual que “Línea 9” antes de cantarlo lo explicaba. Eran los dos únicos temas que explicaba y que el público pedía insistentemente. Así continuó años después en “El Viejo Almacén”.
Se hicieron varias grabaciones y se incluyó en el álbum “En Lunfardo”.

Eduardo Giorlandini fue colaborador de "La fama es puro cuento" desde el año 2010. La emisión del programa del sábado 16 de enero estuvo dedicada a este querido amigo y compañero de trabajo. Descargar audio.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Murió Leonardo Favio, una gloria del cine argentino


Uno de los más grandes cineastas de la Argentina se fue este mediodía. Leonardo Favio, aquejado desde hacía años por graves problemas de salud, murió hoy a los 74 años. Estaba internado desde hacía varios días y falleció acompañado por familiares y amigos.
Cineasta por sobre todas las cosas, aunque en el imaginario popular su faceta de cantante cobra peso, Favio había nacido en mayo de 1938 en la ciudad mendocina de Luján de Cuyo. En su documento figuraba el nombre de Fuad Jorge Jury.
Su padre abandonó el hogar cuando era muy chico y su madre, la escritora y locutora Manuela Olivera, le dio ímpetu artístico. No pasó una infancia fácil, con varias estancias en institutos de menores y un conocimiento de primera mano de la pobreza.
Su filmografía admite varias lecturas de contraposición. Una primera etapa, hasta mediados de los 70, no sólo de calidad sino profusa. Una segunda, en los últimos años, con filmes más espaciados y de larga producción. También se puede pensar en su primer cine como marcado por el intimismo y el blanco y negro (Crónica de un niño solo, por ejemplo); y en sus siguientes películas como una explosión de colores y vivacidad (Juan Moreira, un clásico).
También fue actor. Desde ese lugar empezó a forjar su vínculo con el cine y estrechó la mano de su principal padrino, Leopoldo Torre Nilsson, con quien filmó películas comoLa mano en la trampa, El Secuestrador. La relación con el prolífico cineasta era, como casi todo lo que emprendía, pasional: Graciela Borges contó alguna vez que en el rodaje de Fin de Fiesta se agarró "a piñas" con Favio porque le dijo que no le gustaba una película de Torre Nilsson.
Su principal hito en la pantalla grande fue Nazareno Cruz y el lobo, un fenómeno irrepetible de taquilla que convocó a casi 3 millones y medio de personas en los cines. Pero antes y después realizó películas que dejaron huella en posteriores generaciones de cineastas.
Como Soñar, soñar, por ejemplo, que fue estrenada poco antes del golpe de Estado de 1976 y duró pocos días en cartel por su contenido político. Luego llegó el exilio.
Es que su cara política tuvo alta exposición con el peronismo, pasión que volcó en su documental Perón, sinfonía del sentimiento. Fue un artista militante y se enojaba con lo que él mismo definía como "disfrazados de peronistas". Su voz quedó adherida para siempre a ese preámbulo de la violencia política en la Argentina que fue la masacre de Ezeiza. Favio era el animador oficial de la trunca recepción a Juan Domingo Perón en junio de 1973.
Su nombre quedó grabado también en la música popular. Pero con la música tenía una relación basada en el agradecimiento respetuoso. "Me permitió vivir con dignidad", sostuvo en una entrevista. Tuvo hits como "Ella ya me olvidó" y "O quizás simplemente le regale una rosa". Y con "Fuiste mía un verano", con sus versos "Cada piba que pase / con un libro en la mano / me traerá tu nombre / como en aquel verano" entró definitivamente al cancionero argentino.
En agosto de este año, a pesar del agravamiento de su salud, tuvo una última luz pública cuando la Cámara de Diputados le otorgó el Diploma de Honor 'Presidente Néstor Kirchner' por "su trayectoria artística y sus convicciones intransferibles".
Sus anteriores apariciones con cierta asiduidad se habían dado durante el proceso producción de Aniceto, de 2007, su película final y relectura en clave de ballet cinematográfico de un clásico propio de 1966. El filme arrasó en los premios Cóndor de Plata. Sumó nueve, incluyendo los de mejor filme y mejor director.
Su siguiente proyecto, demorado e inconcluso, iba a llamarse "El mantel de hule". Como una definición de sí mismo, el título partía de unas declaraciones suyas en las que se confesaba incapaz de contar cómo se ponía una mesa en alguna mansión de la avenida Fi­gueroa Alcorta. Pero afirmaba que sí sabía narrar la mesa del mantel de hule.