miércoles, 19 de enero de 2011

Lionel Edmundo Rivero


(8 de junio de 1911 - 18 de enero de 1986), "El feo que canta lindo". Edmundo Rivero representa un caso singular en la extensa galería de cantores de tango. El registro de bajo, que contenía su voz, era una verdadera rareza en el género y, a la vez, algo poco apreciado por la pléyade tanguera, acostumbrada a los barítonos y tenorinos. Sin embargo, la afinación y los coloridos matices de su fraseo, sumado todo ello a un sentimiento y estilo criollo con reminiscencias gardelianas, lo hicieron un favorito del público y, al mismo tiempo, el primer caso de una voz gruesa imponiéndose en un momento de extraordinarios vocalistas.

También fue importante su formación y desarrollo musical. No fue un improvisado y menos un intuitivo, fue un estudioso que se inició con la música clásica, con el rigor de las academias, la disciplina y el estudio.

Nació en el barrio bonaerense de Valentín Alsina. Sus padres, Aníbal y Anselma, inculcaron a sus hijos, desde la cuna, el amor por la música. Se crió en el barrio porteño de Saavedra y pasó su adolescencia en Belgrano.

De muy joven comenzó el estudio de canto en el conservatorio nacional y más tarde el de guitarra.

La primera presentación la realizó a dúo con su hermana Eva en Radio Cultura. En esta misma emisora fue contratado para formar parte del conjunto que acompañaba a las ocasionales figuras que hacían su presentación en ella. Asimismo, mostró sus dotes de guitarrista tocando en presentaciones teatrales un repertorio de música clásica española.

Su debut como cantor sucedió en forma imprevista, ya que tuvo que reemplazar al artista que debía actuar en Radio Splendid y al cual Rivero acompañaba.

La primera orquesta que contrató a "El Feo" fue la de José De Caro, lo cual le posibilitó acercarse a Julio De Caro, quien le propuso ser su cantor en los tradicionales carnavales del Teatro Pueyrredon de Flores. Mas tarde debutó en la orquesta de Emilio Orlando y, a comienzos de los cuarenta, lo hizo en la de Humberto Canaro.

En esta década ocurrieron, en la vida de nuestro querido artista, dos acontecimientos fundamentales, con dispares resultados. Hacia 1944 es convocado por el pianista Horacio Salgán para participar en su orquesta, en la que estuvo hasta 1947. De este periodo no quedaron registros, ya que los empresarios discográficos le dieron la espalda tanto a la avanzada concepción del tango de Salgán como al inusual registro vocal de Rivero. Ambos se dieron el gusto de grabar en las décadas siguientes, ya siendo artistas consagrados.

El segundo acontecimiento es el que lo lanza definitivamente a la fama, cuando es convocado por Aníbal Troilo para formar parte de su gran orquesta, en reemplazo de Alberto Marino. En los tres años que participó Rivero en la orquesta de Pichuco dejó más de una veintena de grabaciones, en algunas de las cuales canto a dúo con Floreal Ruiz y con Aldo Calderón. En esta etapa el gran cantor paso a ser sinónimo de tangos como "El último organito", "La viajera perdida", "Yo te bendigo", pero fundamentalmente del tango de Homero Manzi y Aníbal Troilo "Sur".

En el año 1950 comienza su etapa como solista, siendo acompañado por un conjunto de guitarras que estaba integrado por Armando Pagés, Rosendo Pesoa, Adolfo Carné, Achával y Milton, en otras ocasiones fue acompañado por la orquesta de Victor Buchino.

En la dilatada carrera artística de Edmundo Rivero no faltó su participación en varias películas, entre las que se destacan: "El cielo en las manos" (1949), en la cual interpreta el tango homónimo de Homero Cárpena y Astor Piazzolla, acompañado por la orquesta de este último. El film "Al compás de tu mentira" (1951), donde canta "No te engañes corazón" de Rdodolfo Sciamarella, acompañado por guitarras. Después "La diosa impura", en el que interpreta "Sin palabras" de Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, y participa en la famosa película "Pelota de cuero", de Armando Bo, entre otras.

Hacia 1965, fue elegido para interpretar las poesías de Jorge Luis Borges, musicalizadas por Astor Piazzola y llevadas al disco titulado "El tango". En el mismo participaba el actor Luis Medina Castro recitando obras del poeta. Este espectáculo fue presentado en teatros de todo el país y del Uruguay.

A fines de la década del 60, lo acompañó el conjunto de guitarras dirigido por Roberto Grela y que estaba integrado por Rafael Del Pino, Héctor Davis, Héctor Barceló, Rubén Morán y Domingo Laine. De esta sociedad quedaron inolvidables registros discográficos, como por ejemplo "Packard", "Falsía", "Poema número cero" y "Atenti pebeta", verdaderas joyas del género.

Incursionó en el arte de la escritura por medio de dos libros: "Una luz de almacén" y "Las voces, Gardel y el tango". Hubo un tercer libro que quedó trunco por la desaparición física de nuestro artista, el cual presentaba un profundo estudio sobre el lenguaje y la poesía lunfarda.

Fue compositor y autor de varios temas, y algunos tangos al modo reo y lunfardo. "No mi amor", "Malón de ausencia", "A Buenos Aires", "Falsía", "Quién sino tu", "Arigato Japón" y "El jubilado". Compuso también: "Pelota de cuero" (con Héctor Marcó), "Biaba" (Celedonio Flores), "La señora del chalet", "Poema número cero" y "Las diez de últimos (los tres con Luis Alposta), "Calle Cabildo" (D. De Biase), "Acuérdate" (José María Contursi), "Todavía no" (Eugenio Majul), "Aguja brava" (Eduardo Giorlandini), "Amablemente" (Iván Diez), "Coplas del Viejo Almacén" (Horacio Ferrer), "Milonga del consorcio" (con Arturo de la Torre y Jorge Serrano)y "P'al nene" y "Bronca" (con Mario Battistella), entre otras.

En el año 1969, se da el gusto de inaugurar su propia casa de tango: "El Viejo Almacén". Por ella desfilaron innumerables figuras nacionales e internacionales y ocurrieron interesantes episodios como escuchar a Rivero acompañado por la orquesta de Osvaldo Pugliese, o una noche cualquiera ver entre los concurrentes a Joan Manuel Serrat, gran admirador del cantor.

El 18 de enero de 1986, luego de permanecer internado desde diciembre, por un problema cardíaco fallece en Buenos Aires a los 74 años de edad.

Fue un cantor distinto, genial, adornado por una personalidad afable y señorial que lo hizo querido por todo el ambiente artístico y, lo que es más importante, por un público que lo recuerda y lo admira en cada uno de sus registros

hector gagliardi el poeta de Buenos Aires


Héctor Francisco Gagliardi (1909-1984) fue un destacado poeta, recitador y letrista de tango argentino, conocido por sus poesías y textos en lunfardo. Fue probablemente el poeta que mayores ventas de libros alcanzó en la historia argentina, si se exceptúa el Martín Fierro, alcanzando un millón y medio de ejemplares.

Nació en barrio de Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, en la calle Lima al 900, viviendo durante su infancia y juventud en el barrio de San Telmo. Reconocido hincha de Racing Club de Argentina, le llego a escribir más de un poema al club de sus amores. Fue íntimo amigo del poeta Celedonio Flores ("el negro Cele"). Él lo impulsó a recitar sus versos en público, haciéndolo por primera vez en un bar de la cortada Carabelas, centro nocturno tanguero por excelencia. Esa misma noche lo escuchó un productor y lo llevó a Radio Belgrano, donde para recitar sus poesías en el programa de Jabón Federal, alcanzando grán éxito popular.

Su apodo de El Triste, proviene de su debut, durante la Segunda Guerra Mundial, recitando su poema "Reyes magos", una emotiva composición sobre la guerra, los niños y los juguetes.

La Maestra

Tan buena como mi vieja
y como ella nerviosa,
de las que agrandan las cosas
y que por nada se quejan;

Tenia entre ceja y ceja
esa cuestión del aseo
y en lo mejor del recreo
revisaba las orejas
.

Decía que un pajarito
al oído le nombraba
los niños que conversaban
cuando salía un ratito;

Y si un grandote de quinto
armaba la tremolina,
parecía una gallina
cuando tiene los pollitos.

Nos tomaba la lección
siguiendo el orden de lista
y obligaba con la vista
a seguir con atención;

Yo era medio remolón
porque andaba por la “G”
y cien veces me chasquié
al preguntar de a traición
.

Se pasaba todo el día
prometiendo malas notas
y que en vez de la pelota
estudiaran geometría

Era mujer...¡que sabia
de un golazo de boleo...!
por eso es que en el recreo
los muchachos se reían....

Pero un vez se enfermo
y mandaron la suplente
que enseñaba diferente
y hasta un día de “usted” nos trató;

Y nosotros ...¡que se yo!...
seria mejor maestra
pero fieles a la nuestra
declaramos el boy-cott.

Y cuando vino al grado
después de la enfermedad
nos pusimos a gritar
que casi la desmayamos
y cuando vio tantas manos
que la querían tocar
de floja se echo a llorar
y nosotros la imitamos.

Ah! Pobre maestra mía!
¡como estarás de vieja!...
revisame las orejas
soy un chico todavía.

No sabes con que alegría
quisiera volverte a ver:
no me vas a conocer
pero entonces te diría:

Yo ocupaba el tercer banco
al lado de la ventana
el que abría las persianas
cuando el sol no daba tanto

El que se ahogaba de llanto
el día que te dejo
y que nunca te olvido
y es por eso que te canto

Vos sos la dulce canción
de la edad que ya se fue
hoy he venido otra vez
para darte la lección:

Preguntame de a traición
maestra del cuarto grado
que cuanto me has enseñado
lo llevo en el corazón....

miércoles, 12 de enero de 2011

FERNANDO LAMAS


Nacido en Buenos Aires, en 1942 ya era una estrella en el ambiente cinematográfico argentino. En 1951 firma un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer y se traslada a Hollywood para actuar en roles de "Latin Lover".

Lamas se casó cuatro veces, con Pearl Mux (se casan en 1940 - divorcio 1944), Lydia Babacci (se casan 1946 - divorcio 1952), con la actriz Arlene Dahl (se casan 1954 - divorcio 1960) y con la nadadora y actriz Esther Williams (se casan 1969 - su muerte 1982).

Tuvo una hija, Maria Cristina, con Mux y otra, Alejandra, con Babacci, y un hijo, el actor Lorenzo Lamas (n. 20 de enero, 1958), con Dahl.

Lamas dirigió por primera vez en 1963. Fue un filme en castellano titulado Magic Fountain, con la estrella (su mujer) Esther Williams. Fue muy activo como director de televisión, grabando episodios de Mannix, The Violent Ones, Alias Smith and Jones, Starsky and Hutch. En la serie Falcon Crest, donde participaba su hijo Lorenzo, actuó junto a él.

Lamas se hizo famoso en la cultura popular via el personaje "Fernando" desarrollado por Billy Crystal en Saturday Night Live a mediados de la década de 1980. El personaje era sobreactuado y exagerado, pero muy exitoso. Ej. en The Tonight Show Starring Johnny Carson.

Fernando Lamas falleció de cáncer de páncreas en Los Ángeles a los 67 años de edad.

César Bertrand


El actor, nacido en 1934, fue galán en teleteatros de la TV uruguaya a principios de los ´60, tras lo cual se trasladó a la Argentina, donde debutó en el cine en la película Libertad bajo palabra , de Alfredo Bettanín, con Ubaldo Martínez y Lautaro Murúa, en 1961.

Bertrand participó en varias películas junto a los humoristas Alberto Olmedo y Jorge Porcel.

Otras películas en las que regaló su humor fueron Los caballeros de la cama redonda (1973), Basta de mujeres (1977), Fotógrafo de señoras (1978), Expertos en pinchazos (1979), Así no hay cama que aguante (1980) y El manosanta está cargado (1987).

Lo último que realizó en filmografía fue La herencia del tío Pepe , en 1997.

También estuvo en el recordado programa telivisivo No toca botón , entre otros.

En la década pasada fue elegido por Alberto Ure para encarnar al padre de En familia , de Florencio Sánchez, en el Teatro Nacional Cervantes.

Estuvo casado con la actriz María Rosa Fugazot y su hijo es el actor y ahora director teatral René Bertrand.

Tato Bores hizo reír con la política


Cuál Tato Bores ha muerto? ¿El hombrecito de frac de la televisión rechoncho y verborrágico que durante casi cuatro décadas obligó a los argentinos a mirarse en el espejo de sus propias contradicciones o el ser humano cálido y sensible que pasaba sus veranos en Punta del Este rodeado de sus seres queridos y a veces parecía mirar el mundo con un dejo de melancolía?

¿El monologuista brillante que renovó el lenguaje de la s tira política y mantuvo despierta la conciencia cívica de varias generaciones con su monitoreo desenfadado e irreverente de la actualidad nacional o el fino observador de la vida que prefería recluirse en su casa durante largos períodos porque sabía que el humor es una herramienta noble que no se debe malversar?

Payaso al fin Mauricio Borensztein era un cómico de raza que sabía ponerse serio. Y llenó con pareja dignidad los sucesivos destinos que la vida le fue proponiendo: el de hacer reír el de hacer pensar (casi siempre por la vía del absurdo) y el de hacer felices a quienes lo rodeaban.

El hombre del frac

Tuvo una vida artística larga y fecunda que lo llevó a transitar por incontables escenarios pero el monólogo político televisivo fue la marca que le abrió rotundamente los caminos del éxito y lo instaló para siempre en la costumbre de los argentinos.

Comenzó a contar chistes políticos en 1957 en un momento en que el género estaba en auge. Pepe Arias lo había vuelto a poner de moda con sus famosos monólogos sobre la caída de Perón presentados en 1956 en el Comedia y El Nacional.

Tato se fue abriendo paso de la mano de Landrú su primer libretista político. En 1958 cuando el gobierno de Frondizi enfrentaba una crisis de inestabilidad ministerial se presentó ante las c maras de frac para estar preparado por si le ofrecían "algún ministerio".

Ya nunca se sacó el frac que pasó a ser -como la peluca el cigarro y los anteojos- algo así como su emblema personal. Es curioso: una humorada sobre la inestabilidad fue el punto de partida de uno de los fenómenos m s extraordinarios de continuidad y permanencia en el éxito que generó la televisión argentina.

Un estilo diferente

Pero m s que el frac o la peluca la gran novedad de Tato Bores en la TV consistió en la creación de un nuevo lenguaje de un nuevo estilo de comunicación.

Sus monólogos eran torrentes de palabras lanzadas a increíble veloci dad al punto de que el espectador tenía que esforzarse para no perder el hilo de su razonamiento. El que se distraía un segundo perdía: quedaba al margen de los chistes de la semana que iban a ser el comentario obligado en las reuniones de amigos o en las charlas de oficina.

El humor de Tato de raíz satírica se apoyaba -fundamentalmente- en su increíble dinamismo comunicacional.

Su personaje de la televisión fue creciendo vertiginosamente y terminó por adquirir una solidez casi institucional. Cambiaban los gobiernos cambiaban también sus libretistas (a Landrú lo sucedió César Bruto y después vinieron Jord n de la Cazuela Aldo Camarotta y varios m s) pero Tato continuaba incólume con sus urticantes glosas semanales sobre la actualidad política.

Una voz en el teléfono

Sus ciclos televisivos se extendían generalmente de mayo a noviembre. Hasta en eso había algo de institucional en los programas de Tato. Alguien llegó a decir que en los períodos en que el país era gobernado por regímenes de facto los programas de Tato ocupaban el lugar de la C mara de Diputados. La exageración formaba parte de la misteriosa trama de complicidades que el tiempo había ido tejiendo entre el m s famoso de los cómicos de la TV y una audiencia fervorosa y mutitudinaria.

Pero el aporte de Bores a la televisión no se agotó en los monólogos. Fue precursor en muchas otras cosas: en comer ante las c maras (recuérdense sus tallarinadas con Rodolfo Crespi) en deslizarse sobre patines en rodearse de detalles absurdos y personajes extravagantes de Ricutti a Peralta Ramos de Larrussa a Carnaghi. Sus llamadas telefónicas a la quinta presidencial de Olivos (fuesen sus ocupantes civiles o militares) se incorporaron a la mitología popular.

Tato y la censura

Su corrosivo espíritu satírico le acarreó muchas veces complicaciones y disgustos desde bombas en su domicilio hasta intrincados procesos judiciales.

Entre estos últimos el m s sonoro fue el que se puso en marcha el 11 de mayo de 1992 cuando una de las salas de la C mara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal prohibió la difusión de un fragmento del programa "Tato de América" en el que se ironizaba sobre la jueza María Servini de Cubría. El programa salió al aire pero los pasajes prohibidos fueron sustituidos por una leyenda que decía: censura judicial .

El episodio colocó a Tato en el epicentro de una ruidosa reacción de protesta contra lo que se presentaba como un típico caso de censura previa.

El cómico cosechó en ese momento incontables testimonios de afecto y solidaridad. En un multitudinario programa en el que participó gran parte de la colonia televisiva Tato arremetió contra sus censores en clave de humor. El asunto culminó en septiembre del mismo año con un fallo de la Corte que revocaba la prohibición y autorizaba la emisión de los fragmentos objetados.

Los comienzos

Nacido en Buenos Aires presumiblemente en 1925 (en los reportajes solía ocultar el dato entre bromas y veras) Mauricio Borensztein pasó parte de su infancia jugando en la plaza Lavalle. Su familia vivía en dos habitaciones en Córdoba y Libertad.

A los 18 años trabajaba como plomo de la orquesta de Luis Rolero que amenizaba los programas de Pepe Iglesias en Radio Splendid. El plomo es -ya se sabe- el que lleva los instrumentos y las partituras de los conjuntos musicales.

En los intervalos Tato contaba chistes que el grupo celebraba ruidosamente. Julio Porter y Pepe Iglesias repararon en él y al poco tiempo lo hicieron debutar ante los micrófonos.

A través de Porter se vinculó paralelamente al teatro Maipo que lo incorporó a sus elencos de revista.

En la radio su mayor éxito fue su caracterización del niño Igor un personaje que le permitía a Tato ironizar sobre sus ancestros judíos. También en las revistas del Maipo solía caricaturizar a sus paisanos una habilidad en la que competía con Adolfo Stray. Años m s tarde Tato incluiría a su cl sico judío entre sus personajes de la TV.

En los años setenta cuando era ya un virtual prisionero de la TV se dio el gusto de volver al escenario del Maipo y al género de sus primeros éxitos: la revista.

En ese regreso tuvo como compañeros -en sucesivos espect culos- a Carlos Perciavalle Moria Cas n Mimí Pons Juan Verdaguer y Nélida Lobato.

Años m s tarde en 1985 demostró su gran versatilidad interpretativa en "La jaula de las locas" de Jean Poiret junto a Carlos Perciavalle.

El cine no aprovechó nunca demasiado bien su talento de actor ni su vis cómica. Una de las cosas que lamentaba era no haber desarrollado una carrera cinematogr fica importante. En un par de películas -"Departamento compartido" y "Amante para dos"- fue el partenaire de Alberto Olmedo. Juntos dejaron algunas secuencias regocijantes.

Por supuesto lo suyo fue la televisión. A ella le consagró -tal vez a pesar suyo- sus mejores energías. Y de la mano de ella se instaló en el mito donde la memoria agradecida de los argentinos ir a buscarlo una y otra vez.

miércoles, 5 de enero de 2011

El olvidado "fiscal de la Nación" Don Lisandro de la Torre


En la Argentina del siglo XXI bien vale la pena recordar la historia de un joven abogado, nieto de vascos, proveniente de la ciudad de Rosario en la provincia de Santa Fe. En su tiempo le tocó en suerte ser uno de los máximos referentes de la lucha de este país contra la corrupción, el autoritarismo, el clericalismo como factor de poder y los sucios negociados entre los gobiernos de turno y los grupos económicos internacionales. Don Lisandro de la Torre, abogado, productor agropecuario, político, filósofo, escritor, diputado, senador y frustrado candidato a gobernador y presidente de un país que, insólitamente, supo darse el lujo de enviar al ostracismo histórico a un verdadero hombre ético, ejemplo de conducta cívica, más allá de la comunión con su pensamiento e ideario.

Aquel tórrido verano, unido a la espartana austeridad y decrepitud del viejo departamento arrendado, había terminado por hacer mella en aquel venerable hombre, golpeado por los fracasos políticos, sus frustradas revoluciones, los negociados impunes por él descubiertos, las inequidades que no pudo vencer, las presiones económicas y el fraude electoral. La sombra de su viejo camarada y maestro, el doctor Leandro Alem, máximo referente de aquel incipiente Partido Radical, que se quitara la vida en 1896, se agitó en las penumbras de su cuarto. Había terminado con la correspondencia dirigida a sus entrañables colegas y compañeros de lucha partidaria de su partido Demócrata Progresista: hasta allí reveló su constante y probada amistad, por una parte, y su finisecular ateísmo y anticlericalismo que tantos enemigos y disgustos le deparara. Aquella última carta, sería sorprendentemente el último acto público y político de su dilatada vida. Ya se había despedido de dos amigos que lo habían visitado unos momentos antes: un viejo conocido de Rosario, que abrazó efusivamente, y el doctor Díaz Arana, con quien intercambió algunas palabras respecto del último discurso del presidente norteamericano Roosvelt.

Recordó que le quedaban aún en su billetera unos últimos pesos, los cuales metió en un sobre junto a una nota para que Clotilde, su mujer de servicio, le llevara a la casa de un amigo. Todo estaba arreglado. Ya estaba sobre el mediodía y el calor era intenso. Cerró las ventanas de donde venían los ruidos bulliciosos de la calle y la puerta de su despacho. Un detalle le sorprendió y era que el almanaque tenía la fecha del día anterior. Arrancó entonces el papel del taco apareciendo el correspondiente al día 5 de enero de 1939, el último de su vida. Sentado en el sillón, tomó su revólver y lo encañonó directo a su corazón. Habría recordado, quizás, a sus viejos maestros como Alem y Del Valle, a su compañero de banca Enzo Bordabehere, a su entrañable y perdido campo de las Pinas en Córdoba, donde tantas ilusiones había fundado. Solo Dios, aquel en quien no creía, podría afirmarlo. Apretó con firmeza el gatillo de su arma y destrozó su corazón.

Se suicidó así, en ese departamento del segundo piso de la calle Esmeralda 22 de Buenos Aires, uno de los hombres emblemáticos de la democracia argentina que no pudo ser. Se perdía en la historia la figura del doctor Nicolás Lisandro de la Torre, el gran "Fiscal de la Nación", un verdadero ejemplo de lucha política y cívica, tan devaluada en la Argentina de principios del siglo XXI, vacía de Justicia y plena de conductas miserables por parte de una dirigencia que no termina de tomar conciencia que, sus acciones individuales amorales, terminan inexorablemente afectando la vida normal de los ciudadanos y el destino de las generaciones por venir...

Lisandro de la Torre, el político que enfrentó en soledad la corrupción y los negociados de la década infame, nació en Rosario el 6 de diciembre de 1868. Su padre, Don Lisandro, había comenzado a amasar una fortuna como comerciante y la consolidó como estanciero. Su madre, doña Virginia Paganini, culta y enérgica, hablaba a la perfección el francés e intentaba que en la casa de los De la Torre se hablaran las dos lenguas con soltura.

La conflictiva vida de Lisandro registra su primer incidente muy precozmente: en la pila bautismal. El cura Pantaleón Galloso, un conservador que se había negado a casar a una pareja porque habían contraído matrimonio civil, se negó a bautizar al pequeño porque su nombre no figuraba en el santoral. Los padres insistieron y finalmente acordaron llamarlo Nicolás Lisandro.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en Rosario y al egresar del Colegio Nacional, se trasladó a Buenos Aires para estudiar derecho. A los 20 años se graduó como abogado con su tesis sobre el gobierno municipal y regresó a Rosario donde tomará contacto con los círculos políticos opositores a la política de Juárez Celman que confluirán en la formación de la Unión Cívica en 1889. En julio de1890, se trasladó a Buenos Aires y participó activamente junto al sector de Leandro N. Alem en la Revolución del Parque. Contará años más tarde: "Yo estuve en muchas de las interioridades de la Junta Revolucionaria debido a la amistad que, a pesar de mi juventud, me mostraban Del Valle y Alem, y actué como centinela del gobierno revolucionario en su despacho del Parque y vi con mis ojos muchas cosas que no aparecen en los partes, que podrían vincularse a trascendentales acontecimientos posteriores".

Tras la derrota de la Revolución, De la Torre apoyó a Alem, participó en 1891 en la conformación de la Unión Cívica Radical y fue el puntal del nuevo partido en la provincia de Santa Fe. Durante la revolución radical de 1893, el alzamiento de los hombres de Alem contra el fraude y la corrupción del régimen, Lisandro fue el jefe de operaciones en su provincia natal. Junto a un grupo de correligionarios se apoderó de la jefatura de policía de Rosario y avanzó con sus fuerzas, incrementadas por el apoyo popular hacia la Capital de la provincia, donde llegó a proclamarse a don Leandro como presidente del nuevo gobierno revolucionario. Pero en el resto de las provincias sublevadas, los revolucionarios fueron derrotados. Al quedar aislados, los radicales de Santa Fe debieron deponer su actitud.

El espíritu siempre inquieto y cuestionador de De la Torre, lo llevó a preguntarse si habían empleado el método correcto. Necesitaba tiempo para escribir y pensar y se retiró a administrar un campo que le había regalado su padre. Pero el retiro voluntario duró poco. A fines de 1895, Aristóbulo del Valle, el otro referente de los cívicos, lo convocó a Buenos Aires para dirigir un nuevo periódico, El Argentino, destinado a levantar un movimiento electoral contra la candidatura de Roca. De la Torre encaró la tarea con entusiasmo. Pero en enero de 1896, Del Valle murió inesperadamente y en julio del mismo año Alem se suicidó. El radicalismo quedó acéfalo. De la Torre propuso una alianza con los mitristas para derrotar a Roca pero se encuentra con la firme oposición del nuevo líder radical, Hipólito Yrigoyen, y decide apartarse de las filas radicales en estos términos: "El Partido Radical ha tenido en su seno una actitud hostil y perturbadora, la del señor Yrigoyen, influencia oculta y perseverante que ha operado por lo mismo antes y después de la muerte del Doctor Alem, que destruye en estos instantes la gran política de la coalición, anteponiendo a los intereses del país y los intereses del partido, sentimientos pequeños e inconfesables".

Su indignación con la política de Yrigoyen lo llevó a retar a duelo al sobrino de Alem. Yrigoyen no sabía esgrima y contrató a un profesor para la ocasión. De la Torre, en cambio, era un experto. El duelo se concretó el 6 de septiembre de 1897 y duró más de media hora al cabo de la cual, paradójicamente, De la Torre presentaba heridas en la cabeza, en las mejillas, en la nariz y en el antebrazo, mientras que Yrigoyen resultó ileso. A partir de entonces, De la Torre comenzará a usar su barba rala para disimular las marcas de aquella disputa con Don Hipólito.

Tras el duelo y la ruptura con la nueva conducción radical, De la Torre volvió a Rosario y fundó un nuevo diario La República, desde donde expondrá sus ideas, cada vez más distanciadas de las de Yrigoyen. De la Torre irá abriendo un nuevo espacio político a la derecha del socialismo y a la izquierda de los conservadores, que se plasmará en 1908 en la conformación de un nuevo partido político: la Liga del Sur. El movimiento surgía para defender los intereses de los departamentos sureños de la provincia de Santa Fe olvidados por los sucesivos gobiernos provinciales. De la Torre pronunció un enérgico discurso en el acto de proclamación de "la Liga", definiéndola como "un acto de protesta y de defensa propia contra la absorción irritante y expresión de fe en las propias actitudes para realizar los fines del gobierno libre. Así surge a la escena esta poderosa agrupación popular. La Liga del Sur no es la liga del sur contra el norte; la Liga del Sur es la concentración de voluntades de los habitantes del sur en defensa de su autonomía y en contra del localismo absorbente de la ciudad capital. Mañana podrá existir al Liga del Norte con la misma bandera". A poco de fundada, la Liga comenzó a crecer, incorporando en sus filas a figuras influyentes de la provincia, como el Dr. Ovidio Lagos, director del diario La Capital de Rosario.

La Ley Sáenz Peña, de voto universal, secreto y obligatorio, que ponía fin a décadas de fraude electoral, fue sancionada el 10 de febrero de 1912 y aplicada por primera vez en las elecciones de gobernador y diputados nacionales en Santa Fe en abril de ese año. De la Torre fue electo diputado nacional por la Liga del Sur. Presentará numerosos proyectos de ley, entre los que se destacan el que solicitaba la adquisición de tierras por el estado para distribuirlas entre pequeños y medianos productores; el que dio origen a la fundación de la Facultad de Ingeniería de Rosario y hará oír su voz en todos los debates decisivos, lo que proyectó su figura a nivel nacional.

Se acercaban las elecciones nacionales de 1916 y todo parecía indicar que el triunfo sería para los radicales. De la Torre se propuso crear una alternativa política de centro derecha. Así nació el Partido Demócrata Progresista, que quedó constituido en un meeting en el Hotel Savoy de Buenos Aires el 14 de diciembre de 1914. Dijo entonces: "Después de la disolución de los antiguos partidos, participamos del deseo general de crear uno nuevo, no para que haga vivir situaciones y partidos del pasado, sino que inspirados en la alta tradición del espíritu argentino, pueda armonizar con las exigencias presentes y futuras de nuestra sociedad, todo lo que debe ser conservado como vínculo de solidaridad entre las anteriores y las nuevas generaciones". Y en clara alusión a la falta de experiencia en la administración pública de sus adversarios radicales agrega: "Queremos que ocupen los principales puestos nacionales ciudadanos que hayan dado pruebas suficientes de aptitud para realizar los anhelos permanentes de orden institucional, de progreso económico, de continuidad en la labor de cultura moral e intelectual, fundados a costa de tantos sacrificios de las generaciones anteriores".

La convención nacional del PDP eligió a Lisandro de la Torre como candidato a presidente para las anheladas elecciones de 1916. Su compañero de fórmula fue el entrerriano Alejandro Carbó, de amplia labor en el terreno educativo, que provenía de las filas del Partido Autonomista Nacional. El nuevo partido cerró su campaña en el histórico local del Frontón Buenos Aires, donde se realizó allá por 1889 la primera reunión pública de la Unión Cívica. Lisandro confiaba en lograr el apoyo de las fuerzas conservadoras, pero éstas desconfiaban de él por su paso por el radicalismo y su amistad con Alem. Tanto el decisivo Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires, como el presidente Victorino de la Plaza le negaron su adhesión. El triunfo sería para la fórmula radical encabezada por su viejo adversario, Hipólito Yrigoyen, y Pelagio Luna. El radicalismo llegaba al gobierno y se iniciaba una nueva etapa en la vida política argentina.

De la Torre explicó en una carta los motivos del fracaso electoral: "Las clases media y proletaria no se conforman con quedar libradas a los beneficios que puedan derivarse del "bienestar general". Quieren saber concretamente qué propósitos tienen los partidos políticos sobre las cuestiones que a ellas les interesan: participación de los obreros en las utilidades de las fábricas, limitación de las grandes ganancias y de las grandes fortunas, pensiones a la vejez, seguro de desocupación y otros puntos semejantes. No caben ya equívocos sobre las cuestiones sociales y del trabajo, por más que los conservadores argentinos no lo comprendan todavía”.

La incapacidad de las fuerzas conservadoras de articular un partido político moderno e integrado a la problemática nacional tendrá nefastas consecuencias. Estos sectores se irán apartando de la política institucional y acercando cada vez más a la vía autoritaria de acceso al poder a través del golpe de estado.

En octubre de 1920, tuvieron lugar las elecciones para constituyentes con el objetivo de reformar la Constitución provincial de Santa Fe. Los radicales obtuvieron 36 convencionales y los demócratas progresistas 24. La labor de la convención transformó a la nueva carta magna en una de las más avanzadas y progresistas de la época. Eliminó a la religión católica como credo del estado, dedicó un capítulo especial a los derechos laborales, creó la Corte Suprema de Justicia y un Jury de enjuiciamiento para los magistrados. El gobernador de la provincia, el radical alvearista Enrique Mosca, futuro candidato a vicepresidente por la Unión Democrática en 1946, rechazó todo lo actuado por la convención. De la Torre denunció el atropello del gobierno radical y lo que calificó como "las conveniencias públicas entre factores poderosos: el presidente de la República, el gobernador, el clero católico, representante de los inmensos intereses conservadores y antidemocráticos de la sociedad".

En las elecciones de 1922 se produjo el recambio radical: Marcelo Torcuato de Alvear reemplazó a Hipólito Yrigoyen. Llegaba al gobierno el sector más conservador del radicalismo. De la Torre fue electo nuevamente diputado nacional y desde su banca promoverá proyectos de ley de fomento de las cooperativas y de expropiación de frigoríficos extranjeros.

La vida privada de De la Torre era un misterio aún para sus amigos más cercanos. No se le conocieron noviazgos ni compañías femeninas. Sólo trascendió que mantenía una respetuosa amistad con su comprovinciana Elvira Aldao de Díaz.

En 1926, en vísperas de terminar su mandato legislativo, desanimado y sintiéndose muy solo con sus ideas, De la Torre anunció su retiro definitivo de la política. Se retiró a su estancia de Las Pinas en el límite de Córdoba con La Rioja. Allí lo irán a buscar en septiembre de 1930 los enviados de su viejo amigo, el general José Félix Uriburu, que se preparaba a derrocar a Hipólito Yrigoyen con el apoyo de los sectores conservadores. Uriburu le ofrece el ministerio del interior en el futuro gobierno. De la Torre lo rechaza porque, según dice, "el programa de Uriburu es más amenazador que el de Yrigoyen. El general desconfía de la capacidad del pueblo para gobernarse, no cree en la elevación moral de los hombres políticos y atribuye a las instituciones libres vicios orgánicos que la conducen a la demagogia. Yo creo exclusivamente en el gobierno de la opinión pública."

El llamado de los golpistas, que consuman sus planes el 6 de septiembre de 1930, inaugurando el nefasto ciclo de los golpes de estado en Argentina, saca a De la Torre de su retiro político. Regresó a Buenos Aires y tomó contacto con sus viejos compañeros de ideas y con la dirigencia del Partido Socialista. De estas reuniones surgió la Alianza Demócrata Socialista, que llevará a las elecciones nacionales del 8 de noviembre de 1931 la fórmula Lisandro De la Torre-Nicolás Repetto, que enfrentará al oficialismo representado por el binomio Agustín P. Justo-Julio A. Roca (hijo). El programa de la Alianza contemplaba las aspiraciones de las clases media y obrera en una época de crisis mundial y creciente desocupación y se adelantaba en sus postulados al New Deal llevado adelante a partir de 1933 por el presidente Franklin Delano Roosevelt en los Estados Unidos, base del estado benefactor que florecerá en distintas partes del mundo entre las décadas del 30 y del 40.

Pero la oligarquía en el poder retomó las viejas prácticas del fraude electoral, al que denominaron patriótico, porque, según sus ejecutores, se hacía para salvar a la patria del gobierno de la "chusma". Se consumó un escandaloso fraude en todo el país. Como en las épocas previas a la Ley Sáenz Peña, volvieron a votar los muertos, se quemaron urnas y se colocaron matones en las mesas de votación. Con estos métodos, la Alianza fue derrotada y asumió la presidencia el general Justo. De la Torre, presionado por sus amigos, aceptó ocupar una banca en el Senado de la Nación en representación del Partido Demócrata Progresista, que había triunfado en Santa Fe.

En 1932, en Otawa, Canadá, ante la crisis, Inglaterra se reunió con sus colonias y ex colonias para reorganizar su comercio exterior. El Reino Unido decidió adquirir los productos que antes compraba a la Argentina, en Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

En los sectores ganaderos exportadores argentinos hubo un gran desconcierto: la metrópolis los había abandonado. El gobierno de Justo, fiel representante de los sectores ganaderos exportadores, envió a Londres al vicepresidente Julio A. Roca (hijo) para tratar de llegar a algún acuerdo.

Hubo una cena de recepción donde Roca dijo sin ruborizarse que la Argentina era desde el punto de vista económico una parte integrante del imperio británico. Otro miembro de la delegación, director de los FFCC ingleses en Argentina no se quedó atrás y dijo a su turno que "la Argentina es una de las joyas más preciadas de su graciosa majestad".

Finalmente se firmó un tratado con el ministro de Comercio británico, Sir Walter Runciman.

Por el pacto Roca–Runciman, Inglaterra sólo se comprometía a seguir comprando carnes argentinas siempre y cuando su precio fuera menor al de los demás proveedores. En cambio, la Argentina aceptó concesiones lindantes con la deshonra: liberó los impuestos que pesaban sobre los productos ingleses y se comprometió a no permitir la instalación de frigoríficos argentinos.

Se creó el Banco Central de la República Argentina con funciones tan importantes como la emisión monetaria y la regulación de la tasa de interés, en cuyo directorio había una importante presencia de funcionarios ingleses. Finalmente, se le otorgó el monopolio de los transportes de la Capital a una corporación inglesa.

De la Torre denunció el acuerdo en el Senado por escandaloso y promovió el debate.

"El gobierno inglés le dice al gobierno argentino ‘no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros’. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos tienen cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir diciendo: "al gran pueblo argentino, salud":

Dos años más tarde, en mayo de 1935, acusó por fraude y evasión impositiva al frigorífico Anglo. Aportó pruebas que comprometían directamente a dos ministros de Justo: Pinedo, ministro de Economía, y Dahau, ministro de Hacienda.

De la Torre probó cómo se ocultaba información contable en cajas selladas por el Ministerio de Hacienda y demostró hasta dónde llegaba la impunidad de los frigoríficos ingleses tras la firma del pacto Roca-Runciman. Las entradas para el debate se agotaban y la gente hacía largas colas para escuchar y alentar a Lisandro.

Las denuncias hicieron evidentes las conexiones del gobierno con otros negociados. El nivel de las discusiones en el senado fue subiendo de tono hasta que se decidió hacer callar a De la Torre. Un matón del Partido Conservador, el ex comisario Ramón Valdez Cora, atentó contra la vida del senador y mató a su amigo y compañero de bancada Enzo Bordabehere. Se dio por terminado el debate.

Pero el ataque a De la Torre no había terminado. El gobierno de Justo decretó la intervención a la provincia de Santa Fe, derrocando al gobierno demócrata progresista de Luciano Molinas. De la Torre se muestró abatido y confesó su voluntad de abandonar la política. Una de sus últimas intervenciones en el Senado tuvo lugar en ocasión del debate del proyecto de Ley sobre represión del comunismo. Dirá entonces: "El peligro comunista es un pretexto, es el ropaje con que se visten los que saben que no pueden contar con las fuerzas populares para conservar el gobierno y se agarran del anticomunismo como una tabla de salvación. Bajo esa bandera se pueden cometer toda clase de excesos y quedarse con el gobierno sin votos. Yo soy un afiliado a la democracia liberal y progresista, que al proponerse disminuir las injusticias sociales trabaja contra la revolución comunista, mientras los reaccionarios trabajan a favor de ella con su incomprensión de las ideas y de los tiempos".

Terminado el debate, De la Torre presentó su renuncia al Senado y se retiró a su casa de la calle Esmeralda 22, de la que sólo salía para brindar alguna conferencia o participar en homenajes a viejos amigos de ideas como Aníbal Ponce. En 1938, sus amigos le prepararon un cumpleaños sorpresa. De la Torre cumplía 70 años y se lo notaba muy apesadumbrado. Hacía pocos días había fallecido su madre y comenzaba a rondar por sus ideas el fantasma de Alem. Lentamente, comenzó a despedirse de sus allegados y de sus cosas más queridas hasta que, al mediodía del 5 de enero de 1939, puso fin a su vida disparándose un balazo al corazón.

Junto a su cadáver se encontró una carta dirigida a sus amigos: "Les ruego que se hagan cargo de la cremación de mi cadáver. Deseo que no haya acompañamiento público ni ceremonia laica ni religiosa alguna. Mucha gente buena me respeta y me quiere y sentirá mi muerte. Eso me basta como recompensa. No debe darse una importancia excesiva al desenlace final de una vida. Si ustedes no lo desaprueban, desearía que mis cenizas fueran arrojadas al viento. Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndose con todo lo que muere en el Universo. Me autoriza a darles este encargo el afecto invariable que nos ha unido. Adiós”.






martes, 4 de enero de 2011

Los Reyes Magos


Los Reyes Magos (también conocidos como los Reyes Magos de Oriente) es el nombre por el que la tradición denomina a los visitantes (tres según la consideración más extendida) que, tras el nacimiento de Jesús, habrían acudido desde países extranjeros para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra(La mirra (del latín myrrha, y éste del griego μύῤῥα) es una sustancia rojiza resinosa aromática.Muy valorada en la antigüedad, ya que era uno de los componentes para la elaboración de perfumes, incienso, ungüentos, medicinas y para diluir tinta en los papiros)

La figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos, fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia. Concretamente el Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de "Reyes") quienes, tras seguir una supuesta estrella, buscan al «Rey de los Judíos que ha nacido» en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén, y a quien ofrecen ofrendas de oro, incienso y mirra.

Las tradiciones antiguas que no fueron recogidas en la Biblia, como por ejemplo el llamado Evangelio del Pseudo Tomás (o Evangelios de la infancia de Tomás) del siglo II, son sin embargo más ricas en detalles. En ese mismo evangelio apócrifo se dice que tenían algún vínculo familiar, y también que llegaron con tres legiones de soldados: una de Persia, una de Babilonia y otra de Asia. Según posteriores interpretaciones los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia, y de África respectivamente. Con respecto a los nombres de los reyes (Melchor, Gaspar y Baltasar) las primeras referencias parecen remontarse al siglo V a través de dos textos, el primero titulado Excerpta Latina Barbari, en el que son llamados Bithisarea, Melichior y Gathaspa, y en otro evangelio apócrifo, el Evangelio armenio de la Infancia, donde se les llama Balthazar, Melkon (Melchior) y Gaspard. Los nombres son además diferentes según la tradición siriaca.