miércoles, 26 de enero de 2011

Vida de Atahualpa Yupanqui: El nido y las ramas


El nido y las ramas





"EL PRIMER deber del hombre es definirse; ubicarse como testigo de un viejo pleito entre la mentira y la verdad". Con esa autoimposición vivió Atahualpa Yupanqui hasta que en una noche de mayo de 1992 murió mansamente en la ciudad de Nimes, al sur de Francia. Había nacido 84 años antes, muy lejos de allí y con otro nombre, distinto al que después popularizara su talento.
Héctor Roberto Chavero nació el 31 de enero de 1908 en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires. Allí, en ese mundo criollo de principios de siglo, vivió una niñez moldeada en la tradición familiar y, junto a las peonadas de las estancias, empezó a descubrir simultáneamente la dignidad y las carencias de los trabajos.
"Soy hijo de criollo y vasca; llevo en mi sangre el silencio del mestizo y la tenacidad del vasco", dijo en una oportunidad recordando su origen. Su padre, un paisano de sangre quechua, recorrió los rincones de la Argentina con su trabajo en el Ferrocarril. Viajaba con su mujer, sus tres hijos y dos baúles repletos de libros. Entre ellos, perdido entre tantas novelas, figuraba un libro de Federico Nietzsche que, con el tiempo, marcaría a fuego a Atahualpa. Tenía trece años y leyó una frase que nunca más olvidaría: "Los acontecimientos más grandes no son los más ruidosos, sino nuestras horas más silenciosas".

También a los trece años decide cambiar su nombre para siempre. "Había empezado a escribir una monografía sobre los doce incas. Y, en esa época, comencé a firmar ingenuos versos. Como era tímido e introvertido los firmaba con el seudónimo de Atahualpa Yupanqui. Son los dos nombres de los dos últimos grandes caciques indios que existían a la llegada de los conquistadores". Pero, sin proponérselo, el significado de la palabra Yupanqui ofició casi como un presagio: "Has de contar, narrarás", es lo que este vocablo quiere decir en la lengua amauta.

LA GUITARRA. Unos años antes, en uno de los tantos viajes, la familia se mudó a Taif Viejo, un pueblo de la provincia de Tucumán. Allí, un cura vasco llamado Ricardo Rosaenz enseñó a Yupanqui las primeras nociones de violín. Pero las lecciones duraron hasta que el maestro sorprendió a su alumno tocando una vidalita... A partir de ahí, con la familia Chavero instalada en la ciudad de Junín, Atahualpa empezó a recorrer todos los días a caballo los 14 kilómetros que lo separaban de la casa de su maestro de guitarra, Bautista Almirón, un criollo parco que le enseñó poner las manos sobre el instrumento, "la actitud física de ahuecarse uno para que entre la guitarra ".
En la serie de viajes que la familia hacía siguiendo los destinos que le asignaban a don Chavero, a Atahualpa comenzaron a llamarle la atención "las diferentes maneras de hablar, de vivir y de hacer, de construir la vida y las muy variadas palabras que tienen las diferentes regiones".
Aquellos viajes dejaron profundas huellas en la piel de Yupanqui. Toda su obra posterior estuvo dirigida a interpretar la música del sur, del norte andino y del litoral argentino. De Tucumán lo sedujeron sus zambas; de Santiago del Estero las chacareras y vidalas; de La Rioja amó sus chayas y sus vidalas dolorosas; de Córdoba lo atrajo la picardía de sus gatos.
La ductilidad fue su característica. Supo desempeñarse como director de un diario de pueblo en el que ofició también de redactor y corrector, trabajó en una escribanía y fue minero tres meses hasta el día que, con un amigo, decidieron buscar tesoros ocultos en el norte argentino.
En aquellas soledades se topó con un "escuchado", que -siguiendo la tradición indígena del manejo de los silencios- es una suerte de sabio criollo. "El escuchado -dijo Yupanqui alguna vez- es el hombre que tiene muchos silencios, que se maneja con doscientas ideas y veinte palabras. No habla mas por día. Tiene espacios de silencio infinitos, cargados de cosas. Son los profetas, y como el "escuchado " tiene prestigio, se atienden sus sobrias pero profundas palabras".

CIUDAD GRINGA. Atahualpa siempre privilegió el silencio al ruido, y tal vez por eso Buenos Aires nunca le cayó demasiado bien. Llegó a la gran ciudad por primera vez en el invierno de 1923. En su condición de aprendiz de periodista, un colega del diario "Crítica" le abrió el camino para debutar ante los porteños. "Llegué a Buenos Aires justo cuando la gran pelea Firpo-Dempsey. "Crítica" organizaba la velada para escuchar la transmisión a través de altoparlantes. Entre un round y otro, como tardaba en venir la información, había como cuarenta minutos en los que -con otros cantores- teníamos que cantar"
Al tiempo volvió a Junín guardando en sus retinas la imagen de aquella ciudad que no comprendía: "¿Por qué aquellos viejos cabarets de Buenos Aires o del suburbio eran tan aburridos y tan tristes? No había en todo el mundo salones más brumosos ni llenos de esa inmovilidad patética que los que había allí. Los hombres ponían cara de tango, fumaban en silencio su tabaco, se movían con una solemnidad de velorio y sólo quien estaba mamao armaba algún barullo grosero. Los cabarets eran la introducción de "La Cumparsita", tenían un tono menor, melancólico. Eran las salas donde aquellos hombres solos, muchos de ellos inmigrantes, desarraigados, arrimaban hasta allí su soledad".
En 1927 Yupanqui viaja desde Tucumán a Buenos Aires a enfrentar el desafío de la gran urbe. Fracasa. En estos días tucumanos y al haber escuchado su música, un hombre, allegado a algunos amigos suyos, le había aconsejado viajar para probar suerte. Tiempo después, Atahualpa recordó ese momento en unos versos:


"Pa qué lo habré escuchao
Si era la voz de mandinga!
Buenos Aires, ciudad gringa
me tuvo muy apretao
Tuitos se me hacían a un lao
como cu... erpo a la jeringa
"

Decidido a huir del ruido de Buenos Aires, se refugió en los paisajes del norte argentino. El impacto de aquellas andanzas por la provincia de Jujuy perduraría para siempre en el espíritu poético de Yupanqui. El silencio y la cultura indígena marcaron profundamente no sólo sus canciones sino también sus libros.

EXILIO EN URUGUAY. Tras participar en una rebelión frustrada en apoyo al entonces presidente derrocado, Hipólito Yrigoyen, huyó al Uruguay como exiliado en el otoño de 1932. Al igual que Buenos Aires, Montevideo le pareció una ciudad que tenía demasiados prejuicios como para detenerse a escuchar el canto de un paisano que cuenta cosas humildes de su tierra. En "El canto del viento" escribió: "Escucho a jóvenes cantores de hermosa voz y simpática apariencia que andan por ahí, entonando cantares de Brasil, de Argentina, de México, de Chile. No está mal, pero está mal. Es que no se han hecho amigos del Viento. Es que no se han aprendido la gran lección de los desvelados... Y son uruguayos. Y aman a su tierra. Pero la urgencia de vivir les va acortando la vida. Y han de pasar por la tierra, sin haberla traducido".
Sin embargo, poco después, en camino al sur de Brasil, se encuentra con el "otro Uruguay", el del interior, tan semejante a su propia pampa natal. En ese interior deambulan guitarreros y poetas como Romildo Risso, los Herrera, los de Vianna.
Tiempo después, Yupanqui recordó su pasaje por los pequeños pueblos del Uruguay y su emoción por el encuentro con "ese imponderable Juan Pablo, el anónimo, el payador de viejas estancias, el trovero sin suerte de los Pueblos de Ratas, el narrador de cuentos que endulza los eneros en Aiguá, el cantor de los anchos caminos entre Rocha y Lascano, el florido juglar de Valle Edén".
Durante su paso por el Uruguay se convirtió en un profundo admirador de Artigas. "Siempre admiré una frase que me hubiera gustado que fuera nacida de este lado, pero nació enfrente, en el Uruguay. Es algo que una vez dijo Artigas: 'Con libertad, no ofendo ni temo'... todos los discursos de Artigas tenían la inspiración de un paisano, por eso no me extraña esa hermosa frase".
Hacia 1934, dictada la amnistía para los radicales que luchaban contra el régimen conservador, Atahualpa cruzó el río Uruguay y retomó a su patria instalándose un tiempo en Rosario.
La coyuntura política logra que ese primer exilio uruguayo no sea el último. Luego de ser duramente torturado, en 1948 vuelve a Montevideo y sigue viaje hacia París. "En tiempos de Perón estuve varios años sin poder trabajar en la Argentina... Me acusaban de todo, hasta del crimen de la semana que viene. Desde esa olvidable época tengo el índice de la mano derecha quebrado. Una vez más pusieron sobre mi mano una máquina de escribir y luego se sentaban arriba, otros saltaban. Buscaban deshacerme la mano pero no se percataron de un detalle: me dañaron la mano derecha y yo, para tocar la guitarra, soy zurdo. Todavía hoy, a varios años de ese hecho, hay tonos como el Si menor que me cuesta hacerlos. Los puedo ejecutar porque uso el oficio, la maña; pero realmente me cuestan"
Nunca cultivó el rencor. Con el tiempo, muchas veces le fue recordado el episodio, pero Atahualpa siempre le restó importancia: "Los rencores ensombrecen el alma. Yo prefiero no mirar nunca hacia atrás y seguir trabajando en silencio. Intento no obstaculizar caminos, no poner sombras en los caminos de los estudiantes de la vida".

PARÍS LO ADOPTA. A principios de 1950, en la casa de Paúl Eluard, Edith Piaf lo escuchó tocar la guitarra y lo invitó a compartir un recital. "Ella, en esa época, estaba en su mejor momento y llenó París de carteles con una publicidad muy original que decía: 'Edith Piaf cantará para usted y para Yupanqui'. Fue un gesto maravilloso de su parte. Ella estaba en la cima de su carrera y quería compartir conmigo un espectáculo. Conmigo, que era un negrito que se escondía detrás de su guitarra".
Casi cuarenta años después, en 1989, con muchas idas y venidas, la ciudad luz y Atahualpa ya se tuteaban, había un mutuo entendimiento. En 1989, cuando se celebró el Bicentenario de la Revolución Francesa, hacía unos años que Atahualpa había sido nombrado 'Caballero de las Artes y de las Letras de Francia'. Entonces, desde el Ministerio de Cultura le encargaron una cantata para tan trascendental fecha. A la cantata la tituló 'La sagrada palabra' y allí decía:
"Nosotros, los del cabello lacio y el rostro de bronce, los hijos de la pampa y la montaña, decimos gracias Francia, por señalar un día el camino de la libertad".
Su poesía, de alguna manera, permitió a la gente arriesgar cuál era su verdadera ideología. Su silencio, en cambio, jamás permitió dar por seguro nada. Sin embargo, en alguna oportunidad, Yupanqui aseveró no haber leído a Marx, lo cual varios intelectuales daban por un hecho. Lo que no muchos saben es que poco tiempo militó -luego de dejar el Radicalismo Yrigoyenista- en el Partido Comunista.
En lo religioso toda su vida buscó al Dios del que le hablaba su madre y prefirió al Jesús de Nazareth, simplemente pastor. "No sí si soy creyente; cuando le preguntaron eso mismo a mi padre, él respondía, en broma, que era 'dudante'. En lo que hace a mí, no me considero religioso. Tengo por ahí escondido algún sarampión místico que, repentinamente, me inquieta".
Depuesto el peronismo en 1955, la persecución a Yupanqui persistió. Al régimen militar entrante le irritaban los versos de testimonio social inspirados en Atahualpa. Por ese entonces, la terrible época lo encontró muchas veces recluido en su casa de Cerro Colorado, al norte de la provincia de Córdoba.
Al pie de esa casa, "su casa", pasaba un río al que Yupanqui describió detalladamente en la canción "Tú que puedes, vuélvete". "El agua que siempre vuelve, que siempre corre", así hablaba del rio y a ese río, como a otros, los consideraba como una de las máximas expresiones de libertad. Justamente en tiempos en que esa palabra escaseaba en el cotidiano hablar de los argentinos.
Dadas las condiciones políticas que imperaban en la Argentina, decidió a partir del 67 afincarse nuevamente en París, junto a Nenette, su compañera franco-canadiense.
Daniel Viglietti, quien lo conoció en el exilio, recordó en una ocasión esos días de Yupanqui en París: "Vivía en un pequeño apartamento en el Barrio Catorce. Recuerdo que con Nenette se cuidaban entrañablemente el uno al otro. Fui testigo de la dedicación de Don Ata cuando Nenette estuvo enferma, internada en un hospital parisino. Y recuerdo otras veces a Nenette dándole advertencias, previsoras y tiernas: 'Tata, cuidado con la sal...'" (Nenette colaboró además en la composición de algunos de los temas más conocidos de Yupanqui y firmaba con el seudónimo Pablo del Cerro).
También en París se hizo amigo de Pablo Neruda y musicalizó un poema de Julio Cortázar, "El árbol, el río, el hombre". "Coincidimos en esos pequeños poemas donde él desnuda su humildad universal. No cuando él se siente domador de las distancias y las palabras", recordó Yupanqui refiriéndose a su relación con Cortázar.
La obra de don Atahualpa sería imposible de enumerar sin olvidos imperdonables, porque hay mucho más que "Luna tucumana", "Camino del indio", "La olvidada", "Los ejes de mi carreta" o 'Tierra querida". Tampoco su producción literaria se agota en El Canto del Viento o El payador perseguido.
Fue, como tantos compatriotas suyos, más reconocido en el exterior que en su propio país. Muy pocos argentinos saben que sus trabajos forman parte de los libros de texto de primaria y secundaria en Francia, o que en 1985 fue premiado en Alemania Federal como el autor del mejor disco grabado por un artista extranjero. "Por algo en Argentina a mime dijeron hace tiempo que soy un cantor de cosas olvidadas. No es lo importante que se sepa de mí. Lo fundamental es continuar con el aporte a la cultura nativa desde el punto de vista tradicionalista, criollista y folklórico. No es importante que se sepa, es importante que se haga", dijo alguna vez.
Toda la obra de Yupanqui tiene una bella profundidad. Testimonió lo social, pero nunca apeló al panfleto. "Si la pena mía es la pena de mucha gente, si el tajo que yo recibo es el de muchos, entonces ya empieza a interesar a los demás. La consecuencia de mi trabajo es reflejar la realidad de los hombres, la pobreza no la inventé yo... pero a veces le canto", explicó.
Su infinita humildad le hizo rechazar la invitación para tocar en 1988 en el homenaje que, por sus 80 años, se le tributó en el Teatro Colón: 'No puedo tocar en el mismo lugar donde tocó Andrés Segovia, y menos con mis manos así afectadas por la artrosis".
Llevó su arte a los lugares más recónditos del planeta. "Soy feliz, yendo por el mundo, resido donde anida la música, la poesía. Me gusta mucho el Japón por el respeto que esa gente tiene por las diversas ramas de la cultura. También toqué alguna vidala por los desiertos del mundo, como Israel o el Neguev, y fue -verdaderamente- una sensación movilizante. Pero en cualquier lugar del mundo siempre me estremecí ante el silencio, ese silencio total que nunca pude agregar a mi música".
Una noche en Nimes, a 800 kilómetros de París, había sido programada una presentación de Yupanqui, junto al bandoneonista Rubén Juárez, en un recital titulado La nuit de L'Amerique. El pequeño cine convertido en teatro-pub vivía un clima de fiesta hasta que Atahualpa decidió irse de la sala, apoyado en su viejo bastón de madera. "Quiero respirar aire puro", se le escuchó decir. Mientras el negro Juárez hacía sonar su bandoneón, don Ata recorrió a pie las pocas cuadras que lo separaban del hotel. Allí, en su habitación, se quedó dormido para siempre.
Poco antes había dejado expuesto un deseo: "Cuando muere un poeta, no deberían enterrarlo bajo una cruz, sino que deberían plantar un árbol encima de sus restos. Así lo pienso yo, por cuanto, con el tiempo, ese árbol tendrá ramas y un nido y en él nacerán pájaros. De ese modo, el silencio del poeta, se volverá golondrina".

lunes, 24 de enero de 2011

Osvaldo Pugliese


Osvaldo Pedro Pugliese (2 de diciembre de 1905 - 25 de julio de 1995) fue un pianista, director y compositor argentino dedicado al Tango. Nació el 2 de diciembre de 1905 en el barrio porteño de Villa Crespo (Ciudad de Buenos Aires, Argentina), en el seno de una familia de músicos, aunque no tan talentosos como él. Su padre, Adolfo Pugliese, tocaba la flauta en los conjuntos de barrio, esencialmente en cuartetos. Dos de sus hermanos mayores, Vicente Salvador y Alberto Roque, también eran músicos.
Adolfo, su padre, lo ayudó a hacer sus primeros "palotes" en la música, le compró un violín con el que fue enviado al Conservatorio Odeón del barrio de Villa Crespo. Pero en este lugar encontró el instrumento que sería parte de su vida y el que lo destacaría por encima de muchos: el piano.
Estudió con grandes maestros como Vicente Scaramuzza y Pedro Rubione, con los cuales se convirtió en un extraordinario pianista.
A los quince años ya integraba un trío junto al bandoneonista Domingo Faillac y el violinista Alfredo Ferrito, con los que debutó ante el público en un bar de barrio (en Argentina denominados genéricamente: cafés) llamado Café de la Chancha, nombre que le otorgaran los parroquianos en alusión a la poca higiene de su dueño y del lugar.
Tiempo después pudo llegar a la Gran Ciudad, Buenos Aires, donde debutó integrando un conjunto que tenía, como particularidad, a la primera mujer bandoneonista del país: Francisca Cruz Bernardo. Más conocida como "Paquita", "La Flor de Villa Crespo", era la directora de aquella orquesta típica. Y quien comprendió el afán monetario de Osvaldo Pugliese y aceptó su alejamiento en aras de un mejor porvenir económico.
Más tarde y ya con mucha más experiencia y soltura formó parte del cuarteto de Enrique Pollet (1924), y luego de la orquesta de otro famoso de su tiempo, Roberto Firpo. Ya en 1926, era el pianista de la orquesta del gran bandoneonista Pedro Maffia, continuado con su ascenso en el mundo del tango y tomando cada día más y más prestigio.
Pero el sueño de Osvaldo Pugliese era tener su propia orquesta. Fue así que se desvinculó de la de Pedro Maffia, en 1929, junto con el violinista Elvino Vardaro para formar su propio conjunto. Ambos tocaron por primera vez en el café Nacional con gran repercusión, lo que los empujó a hacer una gira por todo el país. Si embargo, la gira fue un fracaso económico y debieron empeñar parte de sus instrumentos para conseguir los pasajes de regreso a su ciudad. A su retorno integró la orquesta de Alfredo Gobbi, y más tarde acompañó a Roberto Firpo y Miguel Caló.
Pero Pugliese nunca abandonó su sueño y fue así que en 1936 creó un sexteto junto a Alfredo Calabró, Juan Abelardo Fernández y Marcos Madrigal (bandoneones), Rolando Curzel y Juan Pedro Potenza (violines), Aniceto Rossi (contrabajo), del cual era su director. Debutaron en la famosa Avenida Corrientes, en el Germinal. Este fue el punto de partida de su orquesta. La misma fue presentada en el café El Nacional el 11 de agosto de 1939, orquesta que, aunque con los lógicos recambios, lo acompañaría durante 55 años. Durante todo ese tiempo, Don Osvaldo más de 150 temas, algunos muy famosos como Recuerdos, La Beba, Negracha, Malandraca y su himno La yumba. Además grabó más de 600 temas de otros autores.

Pero no era tan sólo un gran pianista, también era un ciudadano comprometido con la sociedad. En 1935 impulsó el Sindicato Argentino de Músicos del que fue el afiliado número 5. Inició, entonces, una lucha "... donde el trabajo sea una dignidad personal y no un castigo". En 1936 se afilió al joven Partido Comunista Argentino (108 era su número de afiliación). Esto y sus ideas provocaron que fuera perseguido, censurado y encarcelado durante el gobierno de Juan Domingo Perón y luego durante el gobierno de facto conocido como la autodenominada Revolución Libertadora. Pero durante el tiempo que duraron sus penurias, su orquesta no dejó de tocar, aunque huérfana de su director.
Recibió innumerables distinciones. El gobierno de Cuba le otorgó la medalla Alejo Carpentier, la más importante distinción cultural de la isla; el gobierno francés lo nombró Commandeur de L'Ordre des Arts et Letters (1988). En tanto su ciudad, la Ciudad de Buenos Aires, en 1986 lo declara Ciudadano Ilustre. Y en 1989, SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música) y la Asociación de Coleccionistas de Tango, descubrió una placa en la Avenida Corrientes (al 960) en conmemoración de los 50 años del maestro frente a su orquesta. En 1990, recibió el título de Académico Honorario de la Academia Nacional del Tango.

Por su orquesta pasaron cantores de la talla de Roberto Chanel, Alberto Morán, Jorge Vidal, Jorge Maciel, Miguel Montero, Alfredo Belusi, Adrián Guida y Abel Córdoba; este último cantó durante 30 años en la orquesta del maestro Pugliese.
Tal era la talla artística de este hombre que en 1985 logra lo que nadie hasta entonces: el 26 de diciembre de ese año, para festejar su cumpleaños número 80, su orquesta tocaría en el conocidísimo Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires, lugar reservado casi exclusivamente para la música y lírica clásicas. Obviamente el teatro estaba repleto de público viendo al maestro interpretar obras de sus, por entonces, 46 años ininterrumpidos de actividad.
Finalmente, el 25 de julio de 1995 y después de una breve enfermedad, falleció a los 89 años de edad en la ciudad de Buenos Aires, su ciudad. Sus restos fueron velados en el Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires y luego llevados hacia el cementerio de la Chacarita por la emblemática avenida Corrientes a contramano del tránsito. Allí descansan, en un imponente mausoleo construido con el aporte de amantes del tango de muchos países del mundo a partir del trabajo de una Comisión de Amigos y de la perseverancia y el empuje de su viuda y compañera de vida Lydia Elman. Para gozo de aquellos que lo admiraron, su estirpe sigue viva en otra gran pianista: Beba Pugliese, su hija y en Carla Pugliese, su nieta, también pianista y gran innovadora del tango.
En el año 2005 se cumplió el primer centenario de su nacimiento.
Recibió el Premio Konex en tres ocasiones: en 1985 por Director de Orquesta típica (Platino), en 1995 una mención especial y en 2005 un premio de honor.

HUGO MARCEL UN GRAN CANTOR Y MEJOR TIPO



Hugo Marcel figura cómodamente entre los cinco mejores intérpretes de la actualidad. Su color vocal, su garra, su dramatismo, su fraseo y su potencia, que sabe frenar cuando el tema lo requiere, son características de su estilo tan personal. Nació en el barrio de Villa Luro y no tuvo que esperar mucho para presentarse en el campo profesional. En el año 1957, contando solamente con catorce años de edad, ingresó en la orquesta de Leopoldo Federico como "niño precoz".
Un año más tarde, por iniciativa de Alejandro Romay, flamante propietario de Radio Libertad, Federico formó un rubro artístico con la exquisita Elsa Rivas y el temperamental Roberto Rufino. A la citada agrupación se agregó la juvenil voz de Gregorio Cárpena, debutando todos por la emisora citada y presentándose en el ya mitológico café Richmond de la calle Suipacha. Gregorio no era otro que Hugo Marcel, quien se puso el nombre artístico de Hugo Marcelino.
Siempre como vocalista en esa orquesta y en un programa especial transmitido por Radio Belgrano, recibió el padrinazgo artístico de Azucena Maizani y Alberto Marino. ¡Casi nada, hermano! A fines de 1958, la agrupación "Rufino-Rivas-Federico", se disolvió. Roberto Rufino y Elsa Rivas siguieron cada uno sus respectivas carreras como solistas y Leopoldo Federico continuó al frente de la Orquesta Estable de Radio Belgrano.
La disolución del conjunto no "fue drama" para Hugo, ya que Miguel Caló, director de gran olfato para los cantores, lo convocó para incorporarlo a su orquesta. No estuvo mucho tiempo en esa agrupación, aunque se presentó por Radio Belgrano, en clubes de barrio y salas de baile. En esa etapa con Caló no llegó a grabar.
El año 1959 marcó un hito fundamental en su carrera artística, fue requerido por el maestro Osvaldo Fresedo como vocalista de su orquesta, en la que ya actuaba el cantor Carlos Barrios. Por consejo de su padre y de Fresedo, dejó de llamarse Hugo Marcelino para pasar a ser, definitivamente, Hugo Marcel.
Estrenando su nuevo nombre se presentó como cantor de Fresedo a los 15 años de edad. Un excelente momento para "El Pibe de la Paternal", ya que su presencia era solicitada por importantes clubes: Comunicaciones, Náutico de Olivos, Regatas, Lugano Tennis Club y otros. También amenizó los bailes de la confitería Nino, de Vicente López y las elegantes veladas danzantes del Plaza Hotel y del Alvear Palace Hotel.
En 1960, la Orquesta de Osvaldo Fresedo se presentó en los recordados bailes de carnaval del estadio Luna Park. En esa oportunidad lo hizo con las voces de Blanca Mooney, Carlos Barrios, Roberto Ray y Hugo Marcel. Con su orquesta y los mismos cantantes, el autor de "El once" realizó una exitosa gira por Montevideo y el interior del Uruguay.
El 12 de enero de 1959, Marcel grabó por primera vez. Fue, lógicamente, en la orquesta de Fresedo. Los tangos seleccionados para esa oportunidad fueron "Que lejos de mi Buenos Aires", "Después del carnaval", este último había sido un suceso varios años atrás con la voz de Ricardo Ruiz. La orquesta, con Marcel y Barrios, se presentó en varias oportunidades por Canal 7 y fue figura en los famosos "Sábados Circulares" de Nicolás Mancera, por Canal 13.
Meses después de haberse casado -en setiembre de 1961 con Dolores Martha Barros, "Lolita"- se desvinculó de Fresedo. Su plaza de cantor fue ocupada por Roberto Bayot. Al llegar 1962, cuando las fuentes de trabajo para los intérpretes de tango habían mermado enormemente por diversas razones que no vienen al caso comentar, Hugo se vio obligado a tomar otros rumbos dentro de la canción popular. Como varios cultores del tango -Raúl Lavié y Horacio Casares, entre otros- se dedicó al género melódico. Para un buen cantor de tangos, interpretar ese tipo de música no tiene ninguna clase de problemas. Al contrario enriquece la obra. Por eso se consagró como cantante internacional, para ello buscó el acompañamiento de grandes directores: Lucio Milena, Waldo de los Ríos, Oscar Toscano, Buby Lavechia y Horacio Malvicino. Pero por suerte, no tardó mucho en regresar al tango, el amor de toda su vida.
En 1964, fue llamado por el maestro Mariano Mores para cantar en su Orquesta Lírica Popular junto a la querida y recordada Susy Leiva. Con Mores tuvo la oportunidad de realizar importantes giras por el interior del país y presentarse en grandes producciones de televisión. En ese momento tuvo la oportunidad de actuar con Tita Merello y Hugo del Carril. En 1964, grabó varios temas con la orquesta de Mores. El primer registro es el del 23 de julio y el último del 5 de octubre. Entre esas grabaciones destacamos "Viejo Buenos Aires" y "Tan sólo un loco amor".
Ese mismo año, debido a las ofertas que se le hicieron de todos los medios, no tuvo más remedio que abandonar la orquesta de Mores, fue cuando el gran compositor incorporó como cantor a su hijo Nito, lamentablemente fallecido en plena juventud. Entre 1969 y 1974, su carrera se repartió entre el repertorio melódico y el tango. Pero el tango tira, y en el 74 comenzó a presentarse con el acompañamiento de Roberto Pansera.
En 1975, siendo la autoridad máxima de la Asociación Argentina de Artistas de Variedades, Hugo hizo que la entidad auspiciara un programa de televisión para que, junto a las grandes figuras, se presentaran cantantes, conjuntos vocales o instrumentales a fin de promocionarlos.
La mayoría de ellos, luego continuó una importante carrera en el país y en el exterior. El programa se tituló "Variedades concert", siendo su director musical Quique Lanóo; sus conductores: Nelly Trenti, Rubén Horacio Bayón y Jorge Ruanova y el que escribe, su libretista.
Su retorno al disco se produjo en 1977, compartiendo el rubro vocal con su hermano Eduardo. En la primera oportunidad con el acompañamiento de Atilio Stampone y luego con el cuarteto de Carlos Galván.
Para todo artista salir a actuar a otras partes del mundo es como la meta del triunfo. No es fácil hacerlo si no se cuenta con una solvencia artística y una personalidad definida. Hugo cuenta con las dos condiciones, y más. Desde 1969, con motivo de realizarse el Festival Latinoamericano en Nueva York hasta la actualidad, se presentó exitosamente en Chile, Perú, Ecuador, Paraguay, Colombia, Venezuela y México.
En 1970, actuó en los Estados Unidos durante seis meses. En el país del norte realizó giras por las más importantes ciudades acompañado por la actriz y bailarina Beba Bidart.
En 1986, fue llamado por el maestro Osvaldo Requena para actuar junto a la "Orquesta Juan de Dios Filiberto", reorganizada a solicitud de la Subsecretaría de Cultura del Ministerio de Educación. En esa instancia se presentaron, con buena respuesta por parte del público, en el Teatro Nacional Cervantes, en el Palacio del Congreso y en otros centros culturales. Paralelamente a ello y hasta 1989, siguió presentándose como solista. Al año siguiente realizó una serie de actuaciones en el teatro Presidente Alvear junto al mundialmente famoso Sexteto Mayor.
Este cantor con mayúsculas, que comenzó como profesional a los 14 años de edad, a pesar de su brillante trayectoria, es un hombre dedicado por completo a su familia. Es común encontrar al "clan Marcel", integrado por su esposa Lolita, su suegra María Inés García de Barros y su hijo Christian, almorzando sencillamente en restaurantes de barrio, lejos del ambiente de la llamada "farándula".
Como último dato importante, quiero resaltar que su mujer es hija de don Antonio Barros, famoso hombre del espectáculo durante las décadas del 50, 60 y 70. Antonio fue una pieza fundamental en la carrera de Hugo Marcel. Todos recordamos aquellas audiciones para la juventud tituladas "Una ventana al éxito", de la cual surgieron importantes conjuntos y voces modernas.

RICARDO TANTURI

Aunque nunca descolló por sus dotes musicales, Tanturi logró conducir durante varias décadas una orquesta de renombre, que pasó su éxito en la enorme atracción de algunos de los cantores con que contó. Por esa misma razón, las versiones instrumentales de su limitada orquesta son escasas y poco recordadas. Sin embargo, su fama resiste el paso del tiempo, y en los últimos años, con el resurgimiento del tango como danza, las grabaciones de Tanturi son tal vez las más requeridas por los bailarines. Además, algunos de sus registros se han convertido en clásicos absolutos. Ricardo Tanturi nació en Buenos Aires de padres italianos, en el barrio de Barracas, uno de los más pobres y vitales de la ciudad, limitado por el Riachuelo, otrora surcado por incontables barcazas, y hoy contaminado y maloliente. Su primer instrumento fue el violín, que estudió con Francisco Alessio, tío del célebre bandoneonista y director Enrique Alessio. Su hermano Antonio Tanturi, pianista y codirector de la Orquesta Típica Tanturi-Petrone, lo indujo a dejar el violín por el piano y fue su maestro. En 1924 comenzó Ricardo su carrera artística, sentado al teclado en clubs, festivales benéficos y, junto con su hermano, en LOY Radio Nacional (luego llamada Belgrano), nada de lo cual le impidió estudiar Medicina y recibirse con muy buenas calificaciones. En la universidad formó conjuntos estudiantiles. Allí conoció al actor Juan Carlos Thorry, quien luego sería su primer cantor, y a muchos de los músicos que conformarían su orquesta. En 1933 formó un sexteto para actuar en cines y teatros. Lo bautizó "Los Indios", en homenaje a un equipo de polo. Esa misma sería la denominación de todas sus formaciones posteriores. Tanturi solía utilizar como presentación el tango así llamado, "Los indios", de Francisco Canaro, pero curiosamente nunca lo grabó.
Orquesta R. Tanturi
Orquesta Ricardo Tanturi
Se inició en el disco en 1937, con una histórica placa del sello Odeon que contiene el tango "Tierrita", de Agustín Bardi, en versión instrumental, y "A la luz del candil", música del talentoso Carlos Vicente Geroni Flores, y truculenta letra de Julio Navarrine, cantado por Carlos Ortega. Pero Tanturi da el gran salto en 1939, cuando incorpora a Alberto Castillo, que se convertiría en un imán para el público. Castillo, de afinación perfecta, magistral en el uso de los matices y la media voz, seducía con todos los recursos posibles: su impactante gestualidad, su engominada elegancia varonil, su título de médico ginecólogo (obtenido en 1942) y ese estilo por momentos confidencial, por momentos desenfadado que convertía cada tango en un espectáculo. En los 37 temas que dejó grabados Castillo antes de dejar a Tanturi en 1943, la orquesta le cede el protagonismo, como también haría con el elegido para sucederlo, el uruguayo Enrique Campos. Este compartía con Castillo el interés puesto en la comunicación con el público. Campos no intentaba ningún lucimiento vocal. Cantaba con displicencia, sin exaltarse, con la sencillez de las cosas humildes. Detrás de él, la orquesta sonaba afiatada, precisa y discreta, con una simple perfección. Esto convierte a los 51 temas que registró el binomio Tanturi-Campos en uno de los tesoros del género. La orquesta no conocería ya momentos de tanto esplendor, aunque alcanzó notable nivel con Osvaldo Ribó a partir de 1946. Roberto Videla para la misma época, y posteriormente Juan Carlos Godoy y Elsa Rivas, entre otros, consiguieron revitalizar ocasionalmente la popularidad de Tanturi. Este compuso los tangos "Amigos presente", "A otra cosa, che, pebeta" y "Pocas palabras" con letra de Enrique Cadícamo; "Sollozo de bandoneón" con Enrique Dizeo, y "Ese sos vos" con Francisco García Jiménez, entre otros.

miércoles, 19 de enero de 2011

Lionel Edmundo Rivero


(8 de junio de 1911 - 18 de enero de 1986), "El feo que canta lindo". Edmundo Rivero representa un caso singular en la extensa galería de cantores de tango. El registro de bajo, que contenía su voz, era una verdadera rareza en el género y, a la vez, algo poco apreciado por la pléyade tanguera, acostumbrada a los barítonos y tenorinos. Sin embargo, la afinación y los coloridos matices de su fraseo, sumado todo ello a un sentimiento y estilo criollo con reminiscencias gardelianas, lo hicieron un favorito del público y, al mismo tiempo, el primer caso de una voz gruesa imponiéndose en un momento de extraordinarios vocalistas.

También fue importante su formación y desarrollo musical. No fue un improvisado y menos un intuitivo, fue un estudioso que se inició con la música clásica, con el rigor de las academias, la disciplina y el estudio.

Nació en el barrio bonaerense de Valentín Alsina. Sus padres, Aníbal y Anselma, inculcaron a sus hijos, desde la cuna, el amor por la música. Se crió en el barrio porteño de Saavedra y pasó su adolescencia en Belgrano.

De muy joven comenzó el estudio de canto en el conservatorio nacional y más tarde el de guitarra.

La primera presentación la realizó a dúo con su hermana Eva en Radio Cultura. En esta misma emisora fue contratado para formar parte del conjunto que acompañaba a las ocasionales figuras que hacían su presentación en ella. Asimismo, mostró sus dotes de guitarrista tocando en presentaciones teatrales un repertorio de música clásica española.

Su debut como cantor sucedió en forma imprevista, ya que tuvo que reemplazar al artista que debía actuar en Radio Splendid y al cual Rivero acompañaba.

La primera orquesta que contrató a "El Feo" fue la de José De Caro, lo cual le posibilitó acercarse a Julio De Caro, quien le propuso ser su cantor en los tradicionales carnavales del Teatro Pueyrredon de Flores. Mas tarde debutó en la orquesta de Emilio Orlando y, a comienzos de los cuarenta, lo hizo en la de Humberto Canaro.

En esta década ocurrieron, en la vida de nuestro querido artista, dos acontecimientos fundamentales, con dispares resultados. Hacia 1944 es convocado por el pianista Horacio Salgán para participar en su orquesta, en la que estuvo hasta 1947. De este periodo no quedaron registros, ya que los empresarios discográficos le dieron la espalda tanto a la avanzada concepción del tango de Salgán como al inusual registro vocal de Rivero. Ambos se dieron el gusto de grabar en las décadas siguientes, ya siendo artistas consagrados.

El segundo acontecimiento es el que lo lanza definitivamente a la fama, cuando es convocado por Aníbal Troilo para formar parte de su gran orquesta, en reemplazo de Alberto Marino. En los tres años que participó Rivero en la orquesta de Pichuco dejó más de una veintena de grabaciones, en algunas de las cuales canto a dúo con Floreal Ruiz y con Aldo Calderón. En esta etapa el gran cantor paso a ser sinónimo de tangos como "El último organito", "La viajera perdida", "Yo te bendigo", pero fundamentalmente del tango de Homero Manzi y Aníbal Troilo "Sur".

En el año 1950 comienza su etapa como solista, siendo acompañado por un conjunto de guitarras que estaba integrado por Armando Pagés, Rosendo Pesoa, Adolfo Carné, Achával y Milton, en otras ocasiones fue acompañado por la orquesta de Victor Buchino.

En la dilatada carrera artística de Edmundo Rivero no faltó su participación en varias películas, entre las que se destacan: "El cielo en las manos" (1949), en la cual interpreta el tango homónimo de Homero Cárpena y Astor Piazzolla, acompañado por la orquesta de este último. El film "Al compás de tu mentira" (1951), donde canta "No te engañes corazón" de Rdodolfo Sciamarella, acompañado por guitarras. Después "La diosa impura", en el que interpreta "Sin palabras" de Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores, y participa en la famosa película "Pelota de cuero", de Armando Bo, entre otras.

Hacia 1965, fue elegido para interpretar las poesías de Jorge Luis Borges, musicalizadas por Astor Piazzola y llevadas al disco titulado "El tango". En el mismo participaba el actor Luis Medina Castro recitando obras del poeta. Este espectáculo fue presentado en teatros de todo el país y del Uruguay.

A fines de la década del 60, lo acompañó el conjunto de guitarras dirigido por Roberto Grela y que estaba integrado por Rafael Del Pino, Héctor Davis, Héctor Barceló, Rubén Morán y Domingo Laine. De esta sociedad quedaron inolvidables registros discográficos, como por ejemplo "Packard", "Falsía", "Poema número cero" y "Atenti pebeta", verdaderas joyas del género.

Incursionó en el arte de la escritura por medio de dos libros: "Una luz de almacén" y "Las voces, Gardel y el tango". Hubo un tercer libro que quedó trunco por la desaparición física de nuestro artista, el cual presentaba un profundo estudio sobre el lenguaje y la poesía lunfarda.

Fue compositor y autor de varios temas, y algunos tangos al modo reo y lunfardo. "No mi amor", "Malón de ausencia", "A Buenos Aires", "Falsía", "Quién sino tu", "Arigato Japón" y "El jubilado". Compuso también: "Pelota de cuero" (con Héctor Marcó), "Biaba" (Celedonio Flores), "La señora del chalet", "Poema número cero" y "Las diez de últimos (los tres con Luis Alposta), "Calle Cabildo" (D. De Biase), "Acuérdate" (José María Contursi), "Todavía no" (Eugenio Majul), "Aguja brava" (Eduardo Giorlandini), "Amablemente" (Iván Diez), "Coplas del Viejo Almacén" (Horacio Ferrer), "Milonga del consorcio" (con Arturo de la Torre y Jorge Serrano)y "P'al nene" y "Bronca" (con Mario Battistella), entre otras.

En el año 1969, se da el gusto de inaugurar su propia casa de tango: "El Viejo Almacén". Por ella desfilaron innumerables figuras nacionales e internacionales y ocurrieron interesantes episodios como escuchar a Rivero acompañado por la orquesta de Osvaldo Pugliese, o una noche cualquiera ver entre los concurrentes a Joan Manuel Serrat, gran admirador del cantor.

El 18 de enero de 1986, luego de permanecer internado desde diciembre, por un problema cardíaco fallece en Buenos Aires a los 74 años de edad.

Fue un cantor distinto, genial, adornado por una personalidad afable y señorial que lo hizo querido por todo el ambiente artístico y, lo que es más importante, por un público que lo recuerda y lo admira en cada uno de sus registros

hector gagliardi el poeta de Buenos Aires


Héctor Francisco Gagliardi (1909-1984) fue un destacado poeta, recitador y letrista de tango argentino, conocido por sus poesías y textos en lunfardo. Fue probablemente el poeta que mayores ventas de libros alcanzó en la historia argentina, si se exceptúa el Martín Fierro, alcanzando un millón y medio de ejemplares.

Nació en barrio de Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, en la calle Lima al 900, viviendo durante su infancia y juventud en el barrio de San Telmo. Reconocido hincha de Racing Club de Argentina, le llego a escribir más de un poema al club de sus amores. Fue íntimo amigo del poeta Celedonio Flores ("el negro Cele"). Él lo impulsó a recitar sus versos en público, haciéndolo por primera vez en un bar de la cortada Carabelas, centro nocturno tanguero por excelencia. Esa misma noche lo escuchó un productor y lo llevó a Radio Belgrano, donde para recitar sus poesías en el programa de Jabón Federal, alcanzando grán éxito popular.

Su apodo de El Triste, proviene de su debut, durante la Segunda Guerra Mundial, recitando su poema "Reyes magos", una emotiva composición sobre la guerra, los niños y los juguetes.

La Maestra

Tan buena como mi vieja
y como ella nerviosa,
de las que agrandan las cosas
y que por nada se quejan;

Tenia entre ceja y ceja
esa cuestión del aseo
y en lo mejor del recreo
revisaba las orejas
.

Decía que un pajarito
al oído le nombraba
los niños que conversaban
cuando salía un ratito;

Y si un grandote de quinto
armaba la tremolina,
parecía una gallina
cuando tiene los pollitos.

Nos tomaba la lección
siguiendo el orden de lista
y obligaba con la vista
a seguir con atención;

Yo era medio remolón
porque andaba por la “G”
y cien veces me chasquié
al preguntar de a traición
.

Se pasaba todo el día
prometiendo malas notas
y que en vez de la pelota
estudiaran geometría

Era mujer...¡que sabia
de un golazo de boleo...!
por eso es que en el recreo
los muchachos se reían....

Pero un vez se enfermo
y mandaron la suplente
que enseñaba diferente
y hasta un día de “usted” nos trató;

Y nosotros ...¡que se yo!...
seria mejor maestra
pero fieles a la nuestra
declaramos el boy-cott.

Y cuando vino al grado
después de la enfermedad
nos pusimos a gritar
que casi la desmayamos
y cuando vio tantas manos
que la querían tocar
de floja se echo a llorar
y nosotros la imitamos.

Ah! Pobre maestra mía!
¡como estarás de vieja!...
revisame las orejas
soy un chico todavía.

No sabes con que alegría
quisiera volverte a ver:
no me vas a conocer
pero entonces te diría:

Yo ocupaba el tercer banco
al lado de la ventana
el que abría las persianas
cuando el sol no daba tanto

El que se ahogaba de llanto
el día que te dejo
y que nunca te olvido
y es por eso que te canto

Vos sos la dulce canción
de la edad que ya se fue
hoy he venido otra vez
para darte la lección:

Preguntame de a traición
maestra del cuarto grado
que cuanto me has enseñado
lo llevo en el corazón....

miércoles, 12 de enero de 2011

FERNANDO LAMAS


Nacido en Buenos Aires, en 1942 ya era una estrella en el ambiente cinematográfico argentino. En 1951 firma un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer y se traslada a Hollywood para actuar en roles de "Latin Lover".

Lamas se casó cuatro veces, con Pearl Mux (se casan en 1940 - divorcio 1944), Lydia Babacci (se casan 1946 - divorcio 1952), con la actriz Arlene Dahl (se casan 1954 - divorcio 1960) y con la nadadora y actriz Esther Williams (se casan 1969 - su muerte 1982).

Tuvo una hija, Maria Cristina, con Mux y otra, Alejandra, con Babacci, y un hijo, el actor Lorenzo Lamas (n. 20 de enero, 1958), con Dahl.

Lamas dirigió por primera vez en 1963. Fue un filme en castellano titulado Magic Fountain, con la estrella (su mujer) Esther Williams. Fue muy activo como director de televisión, grabando episodios de Mannix, The Violent Ones, Alias Smith and Jones, Starsky and Hutch. En la serie Falcon Crest, donde participaba su hijo Lorenzo, actuó junto a él.

Lamas se hizo famoso en la cultura popular via el personaje "Fernando" desarrollado por Billy Crystal en Saturday Night Live a mediados de la década de 1980. El personaje era sobreactuado y exagerado, pero muy exitoso. Ej. en The Tonight Show Starring Johnny Carson.

Fernando Lamas falleció de cáncer de páncreas en Los Ángeles a los 67 años de edad.