miércoles, 12 de enero de 2011

César Bertrand


El actor, nacido en 1934, fue galán en teleteatros de la TV uruguaya a principios de los ´60, tras lo cual se trasladó a la Argentina, donde debutó en el cine en la película Libertad bajo palabra , de Alfredo Bettanín, con Ubaldo Martínez y Lautaro Murúa, en 1961.

Bertrand participó en varias películas junto a los humoristas Alberto Olmedo y Jorge Porcel.

Otras películas en las que regaló su humor fueron Los caballeros de la cama redonda (1973), Basta de mujeres (1977), Fotógrafo de señoras (1978), Expertos en pinchazos (1979), Así no hay cama que aguante (1980) y El manosanta está cargado (1987).

Lo último que realizó en filmografía fue La herencia del tío Pepe , en 1997.

También estuvo en el recordado programa telivisivo No toca botón , entre otros.

En la década pasada fue elegido por Alberto Ure para encarnar al padre de En familia , de Florencio Sánchez, en el Teatro Nacional Cervantes.

Estuvo casado con la actriz María Rosa Fugazot y su hijo es el actor y ahora director teatral René Bertrand.

Tato Bores hizo reír con la política


Cuál Tato Bores ha muerto? ¿El hombrecito de frac de la televisión rechoncho y verborrágico que durante casi cuatro décadas obligó a los argentinos a mirarse en el espejo de sus propias contradicciones o el ser humano cálido y sensible que pasaba sus veranos en Punta del Este rodeado de sus seres queridos y a veces parecía mirar el mundo con un dejo de melancolía?

¿El monologuista brillante que renovó el lenguaje de la s tira política y mantuvo despierta la conciencia cívica de varias generaciones con su monitoreo desenfadado e irreverente de la actualidad nacional o el fino observador de la vida que prefería recluirse en su casa durante largos períodos porque sabía que el humor es una herramienta noble que no se debe malversar?

Payaso al fin Mauricio Borensztein era un cómico de raza que sabía ponerse serio. Y llenó con pareja dignidad los sucesivos destinos que la vida le fue proponiendo: el de hacer reír el de hacer pensar (casi siempre por la vía del absurdo) y el de hacer felices a quienes lo rodeaban.

El hombre del frac

Tuvo una vida artística larga y fecunda que lo llevó a transitar por incontables escenarios pero el monólogo político televisivo fue la marca que le abrió rotundamente los caminos del éxito y lo instaló para siempre en la costumbre de los argentinos.

Comenzó a contar chistes políticos en 1957 en un momento en que el género estaba en auge. Pepe Arias lo había vuelto a poner de moda con sus famosos monólogos sobre la caída de Perón presentados en 1956 en el Comedia y El Nacional.

Tato se fue abriendo paso de la mano de Landrú su primer libretista político. En 1958 cuando el gobierno de Frondizi enfrentaba una crisis de inestabilidad ministerial se presentó ante las c maras de frac para estar preparado por si le ofrecían "algún ministerio".

Ya nunca se sacó el frac que pasó a ser -como la peluca el cigarro y los anteojos- algo así como su emblema personal. Es curioso: una humorada sobre la inestabilidad fue el punto de partida de uno de los fenómenos m s extraordinarios de continuidad y permanencia en el éxito que generó la televisión argentina.

Un estilo diferente

Pero m s que el frac o la peluca la gran novedad de Tato Bores en la TV consistió en la creación de un nuevo lenguaje de un nuevo estilo de comunicación.

Sus monólogos eran torrentes de palabras lanzadas a increíble veloci dad al punto de que el espectador tenía que esforzarse para no perder el hilo de su razonamiento. El que se distraía un segundo perdía: quedaba al margen de los chistes de la semana que iban a ser el comentario obligado en las reuniones de amigos o en las charlas de oficina.

El humor de Tato de raíz satírica se apoyaba -fundamentalmente- en su increíble dinamismo comunicacional.

Su personaje de la televisión fue creciendo vertiginosamente y terminó por adquirir una solidez casi institucional. Cambiaban los gobiernos cambiaban también sus libretistas (a Landrú lo sucedió César Bruto y después vinieron Jord n de la Cazuela Aldo Camarotta y varios m s) pero Tato continuaba incólume con sus urticantes glosas semanales sobre la actualidad política.

Una voz en el teléfono

Sus ciclos televisivos se extendían generalmente de mayo a noviembre. Hasta en eso había algo de institucional en los programas de Tato. Alguien llegó a decir que en los períodos en que el país era gobernado por regímenes de facto los programas de Tato ocupaban el lugar de la C mara de Diputados. La exageración formaba parte de la misteriosa trama de complicidades que el tiempo había ido tejiendo entre el m s famoso de los cómicos de la TV y una audiencia fervorosa y mutitudinaria.

Pero el aporte de Bores a la televisión no se agotó en los monólogos. Fue precursor en muchas otras cosas: en comer ante las c maras (recuérdense sus tallarinadas con Rodolfo Crespi) en deslizarse sobre patines en rodearse de detalles absurdos y personajes extravagantes de Ricutti a Peralta Ramos de Larrussa a Carnaghi. Sus llamadas telefónicas a la quinta presidencial de Olivos (fuesen sus ocupantes civiles o militares) se incorporaron a la mitología popular.

Tato y la censura

Su corrosivo espíritu satírico le acarreó muchas veces complicaciones y disgustos desde bombas en su domicilio hasta intrincados procesos judiciales.

Entre estos últimos el m s sonoro fue el que se puso en marcha el 11 de mayo de 1992 cuando una de las salas de la C mara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal prohibió la difusión de un fragmento del programa "Tato de América" en el que se ironizaba sobre la jueza María Servini de Cubría. El programa salió al aire pero los pasajes prohibidos fueron sustituidos por una leyenda que decía: censura judicial .

El episodio colocó a Tato en el epicentro de una ruidosa reacción de protesta contra lo que se presentaba como un típico caso de censura previa.

El cómico cosechó en ese momento incontables testimonios de afecto y solidaridad. En un multitudinario programa en el que participó gran parte de la colonia televisiva Tato arremetió contra sus censores en clave de humor. El asunto culminó en septiembre del mismo año con un fallo de la Corte que revocaba la prohibición y autorizaba la emisión de los fragmentos objetados.

Los comienzos

Nacido en Buenos Aires presumiblemente en 1925 (en los reportajes solía ocultar el dato entre bromas y veras) Mauricio Borensztein pasó parte de su infancia jugando en la plaza Lavalle. Su familia vivía en dos habitaciones en Córdoba y Libertad.

A los 18 años trabajaba como plomo de la orquesta de Luis Rolero que amenizaba los programas de Pepe Iglesias en Radio Splendid. El plomo es -ya se sabe- el que lleva los instrumentos y las partituras de los conjuntos musicales.

En los intervalos Tato contaba chistes que el grupo celebraba ruidosamente. Julio Porter y Pepe Iglesias repararon en él y al poco tiempo lo hicieron debutar ante los micrófonos.

A través de Porter se vinculó paralelamente al teatro Maipo que lo incorporó a sus elencos de revista.

En la radio su mayor éxito fue su caracterización del niño Igor un personaje que le permitía a Tato ironizar sobre sus ancestros judíos. También en las revistas del Maipo solía caricaturizar a sus paisanos una habilidad en la que competía con Adolfo Stray. Años m s tarde Tato incluiría a su cl sico judío entre sus personajes de la TV.

En los años setenta cuando era ya un virtual prisionero de la TV se dio el gusto de volver al escenario del Maipo y al género de sus primeros éxitos: la revista.

En ese regreso tuvo como compañeros -en sucesivos espect culos- a Carlos Perciavalle Moria Cas n Mimí Pons Juan Verdaguer y Nélida Lobato.

Años m s tarde en 1985 demostró su gran versatilidad interpretativa en "La jaula de las locas" de Jean Poiret junto a Carlos Perciavalle.

El cine no aprovechó nunca demasiado bien su talento de actor ni su vis cómica. Una de las cosas que lamentaba era no haber desarrollado una carrera cinematogr fica importante. En un par de películas -"Departamento compartido" y "Amante para dos"- fue el partenaire de Alberto Olmedo. Juntos dejaron algunas secuencias regocijantes.

Por supuesto lo suyo fue la televisión. A ella le consagró -tal vez a pesar suyo- sus mejores energías. Y de la mano de ella se instaló en el mito donde la memoria agradecida de los argentinos ir a buscarlo una y otra vez.

miércoles, 5 de enero de 2011

El olvidado "fiscal de la Nación" Don Lisandro de la Torre


En la Argentina del siglo XXI bien vale la pena recordar la historia de un joven abogado, nieto de vascos, proveniente de la ciudad de Rosario en la provincia de Santa Fe. En su tiempo le tocó en suerte ser uno de los máximos referentes de la lucha de este país contra la corrupción, el autoritarismo, el clericalismo como factor de poder y los sucios negociados entre los gobiernos de turno y los grupos económicos internacionales. Don Lisandro de la Torre, abogado, productor agropecuario, político, filósofo, escritor, diputado, senador y frustrado candidato a gobernador y presidente de un país que, insólitamente, supo darse el lujo de enviar al ostracismo histórico a un verdadero hombre ético, ejemplo de conducta cívica, más allá de la comunión con su pensamiento e ideario.

Aquel tórrido verano, unido a la espartana austeridad y decrepitud del viejo departamento arrendado, había terminado por hacer mella en aquel venerable hombre, golpeado por los fracasos políticos, sus frustradas revoluciones, los negociados impunes por él descubiertos, las inequidades que no pudo vencer, las presiones económicas y el fraude electoral. La sombra de su viejo camarada y maestro, el doctor Leandro Alem, máximo referente de aquel incipiente Partido Radical, que se quitara la vida en 1896, se agitó en las penumbras de su cuarto. Había terminado con la correspondencia dirigida a sus entrañables colegas y compañeros de lucha partidaria de su partido Demócrata Progresista: hasta allí reveló su constante y probada amistad, por una parte, y su finisecular ateísmo y anticlericalismo que tantos enemigos y disgustos le deparara. Aquella última carta, sería sorprendentemente el último acto público y político de su dilatada vida. Ya se había despedido de dos amigos que lo habían visitado unos momentos antes: un viejo conocido de Rosario, que abrazó efusivamente, y el doctor Díaz Arana, con quien intercambió algunas palabras respecto del último discurso del presidente norteamericano Roosvelt.

Recordó que le quedaban aún en su billetera unos últimos pesos, los cuales metió en un sobre junto a una nota para que Clotilde, su mujer de servicio, le llevara a la casa de un amigo. Todo estaba arreglado. Ya estaba sobre el mediodía y el calor era intenso. Cerró las ventanas de donde venían los ruidos bulliciosos de la calle y la puerta de su despacho. Un detalle le sorprendió y era que el almanaque tenía la fecha del día anterior. Arrancó entonces el papel del taco apareciendo el correspondiente al día 5 de enero de 1939, el último de su vida. Sentado en el sillón, tomó su revólver y lo encañonó directo a su corazón. Habría recordado, quizás, a sus viejos maestros como Alem y Del Valle, a su compañero de banca Enzo Bordabehere, a su entrañable y perdido campo de las Pinas en Córdoba, donde tantas ilusiones había fundado. Solo Dios, aquel en quien no creía, podría afirmarlo. Apretó con firmeza el gatillo de su arma y destrozó su corazón.

Se suicidó así, en ese departamento del segundo piso de la calle Esmeralda 22 de Buenos Aires, uno de los hombres emblemáticos de la democracia argentina que no pudo ser. Se perdía en la historia la figura del doctor Nicolás Lisandro de la Torre, el gran "Fiscal de la Nación", un verdadero ejemplo de lucha política y cívica, tan devaluada en la Argentina de principios del siglo XXI, vacía de Justicia y plena de conductas miserables por parte de una dirigencia que no termina de tomar conciencia que, sus acciones individuales amorales, terminan inexorablemente afectando la vida normal de los ciudadanos y el destino de las generaciones por venir...

Lisandro de la Torre, el político que enfrentó en soledad la corrupción y los negociados de la década infame, nació en Rosario el 6 de diciembre de 1868. Su padre, Don Lisandro, había comenzado a amasar una fortuna como comerciante y la consolidó como estanciero. Su madre, doña Virginia Paganini, culta y enérgica, hablaba a la perfección el francés e intentaba que en la casa de los De la Torre se hablaran las dos lenguas con soltura.

La conflictiva vida de Lisandro registra su primer incidente muy precozmente: en la pila bautismal. El cura Pantaleón Galloso, un conservador que se había negado a casar a una pareja porque habían contraído matrimonio civil, se negó a bautizar al pequeño porque su nombre no figuraba en el santoral. Los padres insistieron y finalmente acordaron llamarlo Nicolás Lisandro.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en Rosario y al egresar del Colegio Nacional, se trasladó a Buenos Aires para estudiar derecho. A los 20 años se graduó como abogado con su tesis sobre el gobierno municipal y regresó a Rosario donde tomará contacto con los círculos políticos opositores a la política de Juárez Celman que confluirán en la formación de la Unión Cívica en 1889. En julio de1890, se trasladó a Buenos Aires y participó activamente junto al sector de Leandro N. Alem en la Revolución del Parque. Contará años más tarde: "Yo estuve en muchas de las interioridades de la Junta Revolucionaria debido a la amistad que, a pesar de mi juventud, me mostraban Del Valle y Alem, y actué como centinela del gobierno revolucionario en su despacho del Parque y vi con mis ojos muchas cosas que no aparecen en los partes, que podrían vincularse a trascendentales acontecimientos posteriores".

Tras la derrota de la Revolución, De la Torre apoyó a Alem, participó en 1891 en la conformación de la Unión Cívica Radical y fue el puntal del nuevo partido en la provincia de Santa Fe. Durante la revolución radical de 1893, el alzamiento de los hombres de Alem contra el fraude y la corrupción del régimen, Lisandro fue el jefe de operaciones en su provincia natal. Junto a un grupo de correligionarios se apoderó de la jefatura de policía de Rosario y avanzó con sus fuerzas, incrementadas por el apoyo popular hacia la Capital de la provincia, donde llegó a proclamarse a don Leandro como presidente del nuevo gobierno revolucionario. Pero en el resto de las provincias sublevadas, los revolucionarios fueron derrotados. Al quedar aislados, los radicales de Santa Fe debieron deponer su actitud.

El espíritu siempre inquieto y cuestionador de De la Torre, lo llevó a preguntarse si habían empleado el método correcto. Necesitaba tiempo para escribir y pensar y se retiró a administrar un campo que le había regalado su padre. Pero el retiro voluntario duró poco. A fines de 1895, Aristóbulo del Valle, el otro referente de los cívicos, lo convocó a Buenos Aires para dirigir un nuevo periódico, El Argentino, destinado a levantar un movimiento electoral contra la candidatura de Roca. De la Torre encaró la tarea con entusiasmo. Pero en enero de 1896, Del Valle murió inesperadamente y en julio del mismo año Alem se suicidó. El radicalismo quedó acéfalo. De la Torre propuso una alianza con los mitristas para derrotar a Roca pero se encuentra con la firme oposición del nuevo líder radical, Hipólito Yrigoyen, y decide apartarse de las filas radicales en estos términos: "El Partido Radical ha tenido en su seno una actitud hostil y perturbadora, la del señor Yrigoyen, influencia oculta y perseverante que ha operado por lo mismo antes y después de la muerte del Doctor Alem, que destruye en estos instantes la gran política de la coalición, anteponiendo a los intereses del país y los intereses del partido, sentimientos pequeños e inconfesables".

Su indignación con la política de Yrigoyen lo llevó a retar a duelo al sobrino de Alem. Yrigoyen no sabía esgrima y contrató a un profesor para la ocasión. De la Torre, en cambio, era un experto. El duelo se concretó el 6 de septiembre de 1897 y duró más de media hora al cabo de la cual, paradójicamente, De la Torre presentaba heridas en la cabeza, en las mejillas, en la nariz y en el antebrazo, mientras que Yrigoyen resultó ileso. A partir de entonces, De la Torre comenzará a usar su barba rala para disimular las marcas de aquella disputa con Don Hipólito.

Tras el duelo y la ruptura con la nueva conducción radical, De la Torre volvió a Rosario y fundó un nuevo diario La República, desde donde expondrá sus ideas, cada vez más distanciadas de las de Yrigoyen. De la Torre irá abriendo un nuevo espacio político a la derecha del socialismo y a la izquierda de los conservadores, que se plasmará en 1908 en la conformación de un nuevo partido político: la Liga del Sur. El movimiento surgía para defender los intereses de los departamentos sureños de la provincia de Santa Fe olvidados por los sucesivos gobiernos provinciales. De la Torre pronunció un enérgico discurso en el acto de proclamación de "la Liga", definiéndola como "un acto de protesta y de defensa propia contra la absorción irritante y expresión de fe en las propias actitudes para realizar los fines del gobierno libre. Así surge a la escena esta poderosa agrupación popular. La Liga del Sur no es la liga del sur contra el norte; la Liga del Sur es la concentración de voluntades de los habitantes del sur en defensa de su autonomía y en contra del localismo absorbente de la ciudad capital. Mañana podrá existir al Liga del Norte con la misma bandera". A poco de fundada, la Liga comenzó a crecer, incorporando en sus filas a figuras influyentes de la provincia, como el Dr. Ovidio Lagos, director del diario La Capital de Rosario.

La Ley Sáenz Peña, de voto universal, secreto y obligatorio, que ponía fin a décadas de fraude electoral, fue sancionada el 10 de febrero de 1912 y aplicada por primera vez en las elecciones de gobernador y diputados nacionales en Santa Fe en abril de ese año. De la Torre fue electo diputado nacional por la Liga del Sur. Presentará numerosos proyectos de ley, entre los que se destacan el que solicitaba la adquisición de tierras por el estado para distribuirlas entre pequeños y medianos productores; el que dio origen a la fundación de la Facultad de Ingeniería de Rosario y hará oír su voz en todos los debates decisivos, lo que proyectó su figura a nivel nacional.

Se acercaban las elecciones nacionales de 1916 y todo parecía indicar que el triunfo sería para los radicales. De la Torre se propuso crear una alternativa política de centro derecha. Así nació el Partido Demócrata Progresista, que quedó constituido en un meeting en el Hotel Savoy de Buenos Aires el 14 de diciembre de 1914. Dijo entonces: "Después de la disolución de los antiguos partidos, participamos del deseo general de crear uno nuevo, no para que haga vivir situaciones y partidos del pasado, sino que inspirados en la alta tradición del espíritu argentino, pueda armonizar con las exigencias presentes y futuras de nuestra sociedad, todo lo que debe ser conservado como vínculo de solidaridad entre las anteriores y las nuevas generaciones". Y en clara alusión a la falta de experiencia en la administración pública de sus adversarios radicales agrega: "Queremos que ocupen los principales puestos nacionales ciudadanos que hayan dado pruebas suficientes de aptitud para realizar los anhelos permanentes de orden institucional, de progreso económico, de continuidad en la labor de cultura moral e intelectual, fundados a costa de tantos sacrificios de las generaciones anteriores".

La convención nacional del PDP eligió a Lisandro de la Torre como candidato a presidente para las anheladas elecciones de 1916. Su compañero de fórmula fue el entrerriano Alejandro Carbó, de amplia labor en el terreno educativo, que provenía de las filas del Partido Autonomista Nacional. El nuevo partido cerró su campaña en el histórico local del Frontón Buenos Aires, donde se realizó allá por 1889 la primera reunión pública de la Unión Cívica. Lisandro confiaba en lograr el apoyo de las fuerzas conservadoras, pero éstas desconfiaban de él por su paso por el radicalismo y su amistad con Alem. Tanto el decisivo Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires, como el presidente Victorino de la Plaza le negaron su adhesión. El triunfo sería para la fórmula radical encabezada por su viejo adversario, Hipólito Yrigoyen, y Pelagio Luna. El radicalismo llegaba al gobierno y se iniciaba una nueva etapa en la vida política argentina.

De la Torre explicó en una carta los motivos del fracaso electoral: "Las clases media y proletaria no se conforman con quedar libradas a los beneficios que puedan derivarse del "bienestar general". Quieren saber concretamente qué propósitos tienen los partidos políticos sobre las cuestiones que a ellas les interesan: participación de los obreros en las utilidades de las fábricas, limitación de las grandes ganancias y de las grandes fortunas, pensiones a la vejez, seguro de desocupación y otros puntos semejantes. No caben ya equívocos sobre las cuestiones sociales y del trabajo, por más que los conservadores argentinos no lo comprendan todavía”.

La incapacidad de las fuerzas conservadoras de articular un partido político moderno e integrado a la problemática nacional tendrá nefastas consecuencias. Estos sectores se irán apartando de la política institucional y acercando cada vez más a la vía autoritaria de acceso al poder a través del golpe de estado.

En octubre de 1920, tuvieron lugar las elecciones para constituyentes con el objetivo de reformar la Constitución provincial de Santa Fe. Los radicales obtuvieron 36 convencionales y los demócratas progresistas 24. La labor de la convención transformó a la nueva carta magna en una de las más avanzadas y progresistas de la época. Eliminó a la religión católica como credo del estado, dedicó un capítulo especial a los derechos laborales, creó la Corte Suprema de Justicia y un Jury de enjuiciamiento para los magistrados. El gobernador de la provincia, el radical alvearista Enrique Mosca, futuro candidato a vicepresidente por la Unión Democrática en 1946, rechazó todo lo actuado por la convención. De la Torre denunció el atropello del gobierno radical y lo que calificó como "las conveniencias públicas entre factores poderosos: el presidente de la República, el gobernador, el clero católico, representante de los inmensos intereses conservadores y antidemocráticos de la sociedad".

En las elecciones de 1922 se produjo el recambio radical: Marcelo Torcuato de Alvear reemplazó a Hipólito Yrigoyen. Llegaba al gobierno el sector más conservador del radicalismo. De la Torre fue electo nuevamente diputado nacional y desde su banca promoverá proyectos de ley de fomento de las cooperativas y de expropiación de frigoríficos extranjeros.

La vida privada de De la Torre era un misterio aún para sus amigos más cercanos. No se le conocieron noviazgos ni compañías femeninas. Sólo trascendió que mantenía una respetuosa amistad con su comprovinciana Elvira Aldao de Díaz.

En 1926, en vísperas de terminar su mandato legislativo, desanimado y sintiéndose muy solo con sus ideas, De la Torre anunció su retiro definitivo de la política. Se retiró a su estancia de Las Pinas en el límite de Córdoba con La Rioja. Allí lo irán a buscar en septiembre de 1930 los enviados de su viejo amigo, el general José Félix Uriburu, que se preparaba a derrocar a Hipólito Yrigoyen con el apoyo de los sectores conservadores. Uriburu le ofrece el ministerio del interior en el futuro gobierno. De la Torre lo rechaza porque, según dice, "el programa de Uriburu es más amenazador que el de Yrigoyen. El general desconfía de la capacidad del pueblo para gobernarse, no cree en la elevación moral de los hombres políticos y atribuye a las instituciones libres vicios orgánicos que la conducen a la demagogia. Yo creo exclusivamente en el gobierno de la opinión pública."

El llamado de los golpistas, que consuman sus planes el 6 de septiembre de 1930, inaugurando el nefasto ciclo de los golpes de estado en Argentina, saca a De la Torre de su retiro político. Regresó a Buenos Aires y tomó contacto con sus viejos compañeros de ideas y con la dirigencia del Partido Socialista. De estas reuniones surgió la Alianza Demócrata Socialista, que llevará a las elecciones nacionales del 8 de noviembre de 1931 la fórmula Lisandro De la Torre-Nicolás Repetto, que enfrentará al oficialismo representado por el binomio Agustín P. Justo-Julio A. Roca (hijo). El programa de la Alianza contemplaba las aspiraciones de las clases media y obrera en una época de crisis mundial y creciente desocupación y se adelantaba en sus postulados al New Deal llevado adelante a partir de 1933 por el presidente Franklin Delano Roosevelt en los Estados Unidos, base del estado benefactor que florecerá en distintas partes del mundo entre las décadas del 30 y del 40.

Pero la oligarquía en el poder retomó las viejas prácticas del fraude electoral, al que denominaron patriótico, porque, según sus ejecutores, se hacía para salvar a la patria del gobierno de la "chusma". Se consumó un escandaloso fraude en todo el país. Como en las épocas previas a la Ley Sáenz Peña, volvieron a votar los muertos, se quemaron urnas y se colocaron matones en las mesas de votación. Con estos métodos, la Alianza fue derrotada y asumió la presidencia el general Justo. De la Torre, presionado por sus amigos, aceptó ocupar una banca en el Senado de la Nación en representación del Partido Demócrata Progresista, que había triunfado en Santa Fe.

En 1932, en Otawa, Canadá, ante la crisis, Inglaterra se reunió con sus colonias y ex colonias para reorganizar su comercio exterior. El Reino Unido decidió adquirir los productos que antes compraba a la Argentina, en Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

En los sectores ganaderos exportadores argentinos hubo un gran desconcierto: la metrópolis los había abandonado. El gobierno de Justo, fiel representante de los sectores ganaderos exportadores, envió a Londres al vicepresidente Julio A. Roca (hijo) para tratar de llegar a algún acuerdo.

Hubo una cena de recepción donde Roca dijo sin ruborizarse que la Argentina era desde el punto de vista económico una parte integrante del imperio británico. Otro miembro de la delegación, director de los FFCC ingleses en Argentina no se quedó atrás y dijo a su turno que "la Argentina es una de las joyas más preciadas de su graciosa majestad".

Finalmente se firmó un tratado con el ministro de Comercio británico, Sir Walter Runciman.

Por el pacto Roca–Runciman, Inglaterra sólo se comprometía a seguir comprando carnes argentinas siempre y cuando su precio fuera menor al de los demás proveedores. En cambio, la Argentina aceptó concesiones lindantes con la deshonra: liberó los impuestos que pesaban sobre los productos ingleses y se comprometió a no permitir la instalación de frigoríficos argentinos.

Se creó el Banco Central de la República Argentina con funciones tan importantes como la emisión monetaria y la regulación de la tasa de interés, en cuyo directorio había una importante presencia de funcionarios ingleses. Finalmente, se le otorgó el monopolio de los transportes de la Capital a una corporación inglesa.

De la Torre denunció el acuerdo en el Senado por escandaloso y promovió el debate.

"El gobierno inglés le dice al gobierno argentino ‘no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros’. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos tienen cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir diciendo: "al gran pueblo argentino, salud":

Dos años más tarde, en mayo de 1935, acusó por fraude y evasión impositiva al frigorífico Anglo. Aportó pruebas que comprometían directamente a dos ministros de Justo: Pinedo, ministro de Economía, y Dahau, ministro de Hacienda.

De la Torre probó cómo se ocultaba información contable en cajas selladas por el Ministerio de Hacienda y demostró hasta dónde llegaba la impunidad de los frigoríficos ingleses tras la firma del pacto Roca-Runciman. Las entradas para el debate se agotaban y la gente hacía largas colas para escuchar y alentar a Lisandro.

Las denuncias hicieron evidentes las conexiones del gobierno con otros negociados. El nivel de las discusiones en el senado fue subiendo de tono hasta que se decidió hacer callar a De la Torre. Un matón del Partido Conservador, el ex comisario Ramón Valdez Cora, atentó contra la vida del senador y mató a su amigo y compañero de bancada Enzo Bordabehere. Se dio por terminado el debate.

Pero el ataque a De la Torre no había terminado. El gobierno de Justo decretó la intervención a la provincia de Santa Fe, derrocando al gobierno demócrata progresista de Luciano Molinas. De la Torre se muestró abatido y confesó su voluntad de abandonar la política. Una de sus últimas intervenciones en el Senado tuvo lugar en ocasión del debate del proyecto de Ley sobre represión del comunismo. Dirá entonces: "El peligro comunista es un pretexto, es el ropaje con que se visten los que saben que no pueden contar con las fuerzas populares para conservar el gobierno y se agarran del anticomunismo como una tabla de salvación. Bajo esa bandera se pueden cometer toda clase de excesos y quedarse con el gobierno sin votos. Yo soy un afiliado a la democracia liberal y progresista, que al proponerse disminuir las injusticias sociales trabaja contra la revolución comunista, mientras los reaccionarios trabajan a favor de ella con su incomprensión de las ideas y de los tiempos".

Terminado el debate, De la Torre presentó su renuncia al Senado y se retiró a su casa de la calle Esmeralda 22, de la que sólo salía para brindar alguna conferencia o participar en homenajes a viejos amigos de ideas como Aníbal Ponce. En 1938, sus amigos le prepararon un cumpleaños sorpresa. De la Torre cumplía 70 años y se lo notaba muy apesadumbrado. Hacía pocos días había fallecido su madre y comenzaba a rondar por sus ideas el fantasma de Alem. Lentamente, comenzó a despedirse de sus allegados y de sus cosas más queridas hasta que, al mediodía del 5 de enero de 1939, puso fin a su vida disparándose un balazo al corazón.

Junto a su cadáver se encontró una carta dirigida a sus amigos: "Les ruego que se hagan cargo de la cremación de mi cadáver. Deseo que no haya acompañamiento público ni ceremonia laica ni religiosa alguna. Mucha gente buena me respeta y me quiere y sentirá mi muerte. Eso me basta como recompensa. No debe darse una importancia excesiva al desenlace final de una vida. Si ustedes no lo desaprueban, desearía que mis cenizas fueran arrojadas al viento. Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndose con todo lo que muere en el Universo. Me autoriza a darles este encargo el afecto invariable que nos ha unido. Adiós”.






martes, 4 de enero de 2011

Los Reyes Magos


Los Reyes Magos (también conocidos como los Reyes Magos de Oriente) es el nombre por el que la tradición denomina a los visitantes (tres según la consideración más extendida) que, tras el nacimiento de Jesús, habrían acudido desde países extranjeros para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra(La mirra (del latín myrrha, y éste del griego μύῤῥα) es una sustancia rojiza resinosa aromática.Muy valorada en la antigüedad, ya que era uno de los componentes para la elaboración de perfumes, incienso, ungüentos, medicinas y para diluir tinta en los papiros)

La figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos, fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia. Concretamente el Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de "Reyes") quienes, tras seguir una supuesta estrella, buscan al «Rey de los Judíos que ha nacido» en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén, y a quien ofrecen ofrendas de oro, incienso y mirra.

Las tradiciones antiguas que no fueron recogidas en la Biblia, como por ejemplo el llamado Evangelio del Pseudo Tomás (o Evangelios de la infancia de Tomás) del siglo II, son sin embargo más ricas en detalles. En ese mismo evangelio apócrifo se dice que tenían algún vínculo familiar, y también que llegaron con tres legiones de soldados: una de Persia, una de Babilonia y otra de Asia. Según posteriores interpretaciones los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia, y de África respectivamente. Con respecto a los nombres de los reyes (Melchor, Gaspar y Baltasar) las primeras referencias parecen remontarse al siglo V a través de dos textos, el primero titulado Excerpta Latina Barbari, en el que son llamados Bithisarea, Melichior y Gathaspa, y en otro evangelio apócrifo, el Evangelio armenio de la Infancia, donde se les llama Balthazar, Melkon (Melchior) y Gaspard. Los nombres son además diferentes según la tradición siriaca.

La Música de las palabras



por Yolanda Delgado Batista


      

En estos días la Casa de América ha dedicado una semana al escritor Guillermo Cabrera Infante. Esta corta estancia la hemos aprovechado para hablar con él y saber más sobre su obra y su personalidad. Guillermo Cabrera Infante nació en Gibara (Cuba) hace sesenta y siete años. Está casado con la actriz cubana Míriam Gómez. Entre sus obras se encuentran: "Así en la paz como en la guerra" (1960), "Tres Tristes Tigres", novela con la que consiguió el Premio Biblioteca Breve en 1964, "La habana para un infante difunto (1979), "Delito por bailar el chachachá" (1995) y su última novela publicada en España "Ella cantaba Boleros" (1996).

Este escritor, admirador de Borges, compañero de Severo Sarduy, se mueve, como Joyce, en un ambiente de exilio: su corazón en Cuba y su casa en Londres. Devuelve a las palabras el ritmo y la sonoridad de los diálogos cubanos. Ya en Tres Tristes Tigres da pautas para hacer la lectura de su novela:

El libro está en cubano. Es decir, escrito en los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba y la escritura no es más que un intento de atrapar la voz humana al vuelo, como aquel que dice. Las distintas formas del cubano se funden o creo que se funden en un solo lenguaje literario. Sin embargo, predomina como un acento el habla de los habaneros y en particular la jerga nocturna, que como en todas las grandes ciudades, tiende a ser un idioma secreto.
La reconstrucción no fue fácil y algunas páginas se deben oír mejor que se leen, y no sería mala idea leerlas en voz alta. (...)

Ese "desorden" en la construcción de las frases, esa traslocación alocada de las palabras, descubre nuevos espacios para el sentido, nuevos significados que no paran de hacer guiños al lector y provocar, en muchos casos, la sonrisa.
La última de sus novelas, Ella cantaba boleros, vuelve a recrearse en la vida nocturna de la Habana del 59 y toma como eje central a la cantante cubana Freddy, La Estrella, de la que ya hablara en Tres Tristes Tigres:

- Era una mulata enorme, gorda gorda, de brazos como muslos y de muslos que parecían dos troncos sosteniendo el tanque de agua que era su cuerpo.

En Ella cantaba Boleros:

- Y sin música, quiero decir sin orquesta, sin acompañante, comenzó a cantar una canción desconocida, nueva, que salía de su pecho, de sus dos enormes tetas, de su barriga de barril, de aquel cuerpo monstruoso, y apenas me dejó acordarme del cuento de la ballena que cantó en la ópera, porque ponía algo más que el falso, azucarado, sentimental fingido sentimiento de la canción, nada de la bobería amelcochada, del sentimiento comercialmente fabricado del feeling, sino verdadero sentimiento y su voz salía suave, pastosa, líquida, con aceite ahora, una voz coloidal que fluía de todo su cuerpo como el plasma de su voz y de pronto me estremecí (...)

- Usted es un experto en reflejar la oralidad en la escritura, ¿es la literatura un acto del "oído" más que de la "vista"?

- Eso es lo que yo he dicho. En realidad, yo presto más atención a cómo suena cuando se lee que a cómo se ve cuando se escribe.

- ¿Cree que sus retruécanos son melodías que suenan de fondo en sus relatos, o es simplemente un juego del ingenio?

- No; son simplemente un sistema poético. Una manera de embarullar, componer con palabras algo menos directo que una frase usual, menos artificioso que un verso.

- Su forma de escribir y su estilo cuando empezó a escribir, ¿fue también una apuesta para ir en contra de la corriente del realismo social que había en ese tiempo...?

- No había ningún realismo social; lo que había era una enorme...

- ¿No existía la corriente de los Moravia,...

-...Sí, pero de lo que se trataba era de la atención desmedida que se prestó a cierto folclorismo guatemalteco en la novela de Miguel Ángel Asturias, El señor Presidente, y yo leí fragmentos de El señor Presidente y llegué a la conclusión que si eso era literatura, yo podía hacer lo mismo. Y eso fue el comienzo realmente: un acto de parodia.

Las mujeres y las novelas

- ¿Está de acuerdo con que la novela se hizo "mayor", como género, porque las mujeres se empeñaron en leerla...?

- No... Yo no creo, porque no creo que hubiera grandes lectoras cuando se publicó el Quijote...

- Las novelas de Jane Austen...

- Eso es diferente, eso son dos siglos más tarde y hay una adquisición de la cultura, mejor dicho, de la lectura, por parte de las mujeres. Sobre todo hay que considerar que se habla de Inglaterra. Yo no creo que las mujeres españolas...

- ¿No leían...?

- O no leían o tenían otra lecturas.

- ¿La novela "rosa"...?

- Novela rosa sí leerían y, de cierta manera, las novelas de Jane Austen son un substituto de la novela rosa. Es el encuentro de la novela romántica con una particular sensibilidad de parte de la escritora... y una inteligencia poco común, no sólo ya como lectora, sino como escritora. Y ése es el fenómeno Jane Austen.

- Dicen que las mujeres leen más "novela" que los hombres, o que están más cerca de la literatura que los hombres, ¿usted qué opina?

- Es posible que haya más mujeres lectoras que lectores, pero ese tipo de estadísticas no me importa demasiado. Es decir, lo que me importa es la consecuencia que pueda tener un escritor sobre sus lectores. No si son muchos o son pocos porque entonces entraríamos de lleno en el terreno de considerar los best sellers como una forma literaria óptima.

Cuba es una gran tragedia

- ¿Me puede hablar un poco de quién es el personaje de "La Estrella"?

- Bueno, si tú te lees Ella cantaba boleros, no hay necesidad de explicación. Es más, hay demasiada explicación en Ella cantaba boleros acerca de quién era "Estrella". Fue un fenómeno musical que existió, que tuvo su apogeo y después se extinguió, por eso el nombre de "Estrella" le viene bien: una estrella que se apaga...

- ¿Qué "música de fondo" propone para leer sus novelas?

- La música de mis palabras.

- ¿Es para Ud. Cuba un "bolero"?

- No, no, en absoluto. Cuba es una enorme tragedia, no es un bolero. Para mí... un bolero es un bolero; los boleros son los boleros... y no hay ningún otro paralelo posible... Son demostraciones musicales... y eso es todo.

- ¿En Cuba Ud. se sentía como aquel poema de Stevenson que decía:
"Whenever the moon and stars are set,
Whenever the wind is high,
All night long, in the dark and wet
A man goes riding by.
El poema termina Why does he gallop and gallop about?

- Eso es un poema que yo leí, en inglés, en las clases nocturnas de inglés en La Habana vieja, alrededor de mil novecientos cuarenta y... tres, por ejemplo; pero yo no me sentía nada como un niño solitario, nunca, ni cosas de esas... Eso estaría bien para Stevenson en Escocia, pero no para mí en La Habana.

- ¿Y en Londres a veces se siente así?

- ¿Como un niño...? Nunca, nunca... Yo no me he sentido como un niño más que cuando era niño... Y además yo era un niño impertinente, que sabía demasiadas cosas para su edad... se metía en las conversaciones con los mayores... No, no; eso no tiene nada que ver conmigo.

- Usted a veces ha dicho que "la vida es una gran parodia", ¿la contempla desde una butaca?

- Yo a veces digo cosas que en realidad después me arrepiento de haber dicho... y esta es una de ellas. Yo no creo que la vida sea una gran parodia; yo creo que hay parodias dentro de la vida, pero no la vida misma es una gran parodia, porque eso remitiría a un modelo mayor que la vida, porque no hay manera de parodiar sino teniendo un modelo que sea objeto de la parodia

- En Ella cantaba boleros, en sus primeras páginas, usted escribe: "nada vulgar puede ser divino, es cierto, pero todo lo vulgar es humano", ¿cree que el cine actual aún refleja la vulgaridad de la vida?

- ¡Oh, sobre todo..., o sea, gozosamente! Yo creo que el cine es de las manifestaciones más vulgares que puede haber; es más, las ha reintroducido en la vida... los tacos, las malas palabras... hay una cantidad de fornicación en las películas, que no puede ser más exhibida, y por tanto, más vulgar...

- Con el seudónimo de G.Caín publicó sus críticas de cine en el semanario Carteles.¿Ha resucitado de nuevo Caín o murió en Carteles...?

- No , ha salido otras veces... Hay un incidente, que ocurrió hace poco, en que un "avatar de Caín" se manifestó cuando el director de las páginas de opinión de un periódico de Estados Unidos fue despedido de su cargo porque le había agarrado un seno a su secretaria. Yo comenté "pero no debieran haberlo castigado, porque es un esteta"... y la señora que estaba junto a mí me dijo "¡pero cómo, por favor,... siempre eres un Caín!"...

- ¿Qué quiere decir cuando dice "un crítico, de tanto ver, se queda miope"?

- Ah, esa es una frase graciosa, o que pretende ser graciosa. Es una alusión a mi miopía y a la cantidad enorme de películas que pueden ser causales o no de mi ser corto de vista.

- La metáfora literaria produce una imagen, ¿ésta pude convertirse en imagen cinematográfica o son incompatibles?

- Completamente diferentes... No, la imagen cinematográfica está ahí, muy visible; la imagen literaria hay que buscarla siempre... o hay que establecer un complejo sistema de comunicaciones.

- ¿Fue su madre la culpable de que le gustase el cine?

- No... fue mi madre la culpable de llevarme al cine tan pequeño, porque yo creo que habrá muchos hijos que hayan sido llevados por su madre al cine como me llevaron a mí y que odiaran al cine. Lo uno no es consecuencia de lo otro, pero sí yo creo que es de hacer notar que mi madre se empeñó en llevarme al cine a una edad tan tierna que, en realidad, lo único que podía pretender ella era que yo viera la película..., pero pensando que también había ido al cine cuando estaba embarazada, no creo que ella quisiera que yo viera películas desde el seno materno...

Cabrera Infante, Cicerón e Internet: historia de un malentendido

- ¿Piensa que con "Internet" la literatura será un vasto juego sin fronteras?

- Yo no tengo la menor idea de lo que es el "Internet"... Yo creo que todo el mundo habla de lo que es el "Internet", y me preguntan "¿tienes Internet?", como antes se preguntaba...

-..."tienes teléfono"...

- ...Sí... o "¿tienes hambre?", o "¿tienes...?" A mí me parece un escándalo tan extraordinario..., porque yo estoy completamente ajeno a él, yo no participo del Internet...

- Pues hay muchos artículos y muchos estudios sobre usted en Internet...

- ¿Sí...? Pero sin mi permiso...

- No suyos. Hablan de usted... Por aquí tengo alguno...-le muestro uno de los artículos que llevaba como documentación para la entrevista.

- Hay dibujitos y todo... espero que no sean obscenos... ¿Son mujeres quitándose las ropas? ¡Qué horror!-exclama con fingido escándalo.

- No; es Cicerón dictando a su secretario... y aquí hablan de usted -Cabrera Infante examina con detenimiento el artículo.

-... Me ponen al lado de Cicerón...-exclama sorprendido.

- Sí, señor, y es de una Universidad de New Jersey, de una publicación de literatura...

- Voy a tener que comenzar a pensar en el Internet como algo positivo...

- Y había otros muchos artículos, pero no pude acceder a todos...

- ¿Y cómo tú sabías que había otros...?

- Porque cuando yo busco su nombre, me aparecen todos los documentos que hay en el mundo que alguien, gratuitamente, ha metido en la red sobre usted.

- ¡Qué bien!

- Yo, precisamente, le estoy haciendo esta entrevista para una revista...

-¿Para Internet...?

- Sí, para una revista de literatura... de la Universidad Complutense...

- Tú no me advertiste eso...

- Es una revista literaria...

- Pero lo de Internet...-dice haciendo vibrar fuertemente la erre.

- Le entra la paranoia... -apunta alguien a mi alrededor.

- No, no... no me entra la paranoia -se defiende él-, pero no creo que mi madre me criara a mí para terminar en el Internet... -todos nos reímos.

- Es una de las cosas más maravillosas del mundo, porque todo el mundo puede leer sobre su obra. ¿No le gusta esa idea?

- Sí..., me gusta la idea que lean sobre mi obra, pero me gusta la idea de que paguen por leer mi obra. No que todo esto sea gratis.

- Son estudios... desde luego la novela no se puede leer por Internet, pero sí pueden entrarles ganas de comprarla.

El tiempo pasa y su esposa nos avisa de que un doctorando francés está esperando, después de un viaje de catorce horas, para entrevistarse con él.

- Sólo una pregunta... ¿Cómo se siente después de haber presenciado un ciclo sobre usted en la Casa de América? ¿Le hace reflexionar sobre su obra?

- Sobre todo me siento fatigado. Me siento, en realidad, muy honrado y estoy alegre, contento, pero también estoy muy cansado; es, eh,...

- ¿Demasiado condensado...?

- Demasiado..., demasiada tensión. Ahora, como Greta Garbo, tengo ganas de decir "quiero estar solo"...

- Muy bien...

- Tienes un buen final ahí, ¿no?


BIBLIOGRAFÍA de GUILLERMO CABRERA INFANTE:
  • "Así en la paz como en la guerra". (Cuentos, 1960)
  • "Tres Tristes Tigres" (1964, Premio Biblioteca Breve)
  • "Vista del amanecer en el Trópico" (1974)
  • "0" (1975)
  • "Exorcismos de esti(l)o" (1976)
  • "La Habana para un infante difunto" (1979)
  • "Holly Smoke" (1986, en inglés)
  • "Mea Cuba" (1993, escritos políticos)
  • "Un oficio del siglo.XX" ("Twenty Century Job", críticas cinematográficas)
  • "Arcadia todas las noches" (críticas cinematográficas)
  • "Delito por bailar el chachachá" (1995, tres relatos).
  • "Ella cantaba boleros" (1996)

"Bahía tuvo un cambio urbano trascendente"


Cristian Breitenstein destacó la finalización de los grandes colectores cloacales, entre otras mejoras que fueron posibles gracias a históricas inversiones de Nación y Provincia.

El intendente municipal Cristian Breitenstein se sentó en su despacho comunal con una hoja con la leyenda: "Bahía 2010 en números", y la decisión de repasar parte su gestión del año poniendo énfasis en lo realizado en las áreas de salud, deportes y cultura.
"Quiero sintetizar esto con datos concretos para que los vecinos sepan en que invertimos los casi 400 millones de pesos del presupuesto, destacando aquello que quizá tiene menor visibilidad", expresó el jefe comunal.
Las 20.000 familias atendidas y los 5.000 niños con asistencia directa de programas para la niñez fueron presentadas como los logros más destacados en gestión social. A ellos se suman las 3.000 instituciones locales que recibieron diferentes colaboraciones para cumplir de mejor manera sus tareas.
"Quiero destacar la actividad de la Escuela Municipal de Oficios San Roque, de la cual participaron 1.300 jóvenes, con las 300 prestaciones que prestaron a diversas entidades. Muchos de estos chicos estaban en la calle, con serias carencias, y les dimos una oportunidad que ahora dependerá de ellos aprovechar", indicó.

La cultura se queda aquí. Las 302 funciones realizadas en 2010 en el teatro Municipal y los 90 mil bahienses que asistieron a las mismas fue presentado como ejemplo concreto de la actividad cultural desarrollada en nuestro principal coliseo. El valor adicional de este dato es que el 70 por ciento de las presentaciones estuvo a cargo de artistas locales.
Los museos también dieron la nota, con 45.000 visitas generales y 11.000 escolares. "Esto muestra que existe un espíritu de cultura muy vivo en la ciudad, el cual llega a todos los barrios", apuntó Breitenstein.
Destacó el éxito del "Bahía Vive", programa de espectáculos gratuitos al aire libre, que congregó a unos 100.000 bahienses, asegurando su continuación en 2011, y la implementación del Fondo Municipal de las Artes, que aportó 30 mil pesos a 30 artistas.

Cuestiones de salud. "A veces son cuestiones que uno no alcanza a dimensionar", aseguró el intendente al indicar que durante el año se brindaron 1,2 millones de prestaciones en vacunas, asistencias, medicamentos y subsidios a gente de bajos recursos.
Hubo 10 mil beneficiarios del plan Nacer, cuyo objetivo es cuidar embarazadas y a niños en sus primeros años de vida, y 6 mil beneficiarios del programa de patologías crónicas.
La gripe A, un flagelo de 2009, prácticamente pasó inadvertida en 2010, en parte por la aplicación de 80 mil dosis de vacunas, cubriendo al 95 por ciento de la población de riesgo.
Breitenstein también dijo que se comenzó la remodelación de varias unidades sanitarias --once sobre un total de 40 que funcionan en la ciudad-- en un proceso que apunta a obtener su habilitación provincial.
"Este es un dato histórico, porque si bien la atención primaria es parte de nuestra política de Estado, existe un sistema que exige ser formalizado de manera definitiva", remarcó.
Por último, Breitenstein enunció los avances logrados en el Hospital Municipal, centro asistencial que absorbe el 20 por ciento del presupuesto municipal, con el concurso de los distintos cargos de la institución, la realización del primer trasplante coclear y las mejoras en terapia intensiva, lavadero y psiquiatría infantil.

Ciudad en movimiento. El jefe comunal dijo que cerca de 35 mil bahienses participaron de las distintas actividades deportivas organizadas por el municipio a lo largo del año. Esto incluye skate, rollers, carreras y maratones.
En 2011 el municipio espera implementar el plan del examen médico obligatorio en todos los clubes de barrio.
"Es un proyecto social, de salud y educativo, prioritario para la construcción de una sociedad saludable y responsable del cuidado del cuerpo", apuntó Breitenstein.

Manos a la obra. Por último, Breitenstein puso énfasis en las obras públicas, asegurando que la ciudad ha tenido "un cambio urbano trascendente, el cual hay que profundizar".
Anticipó el inminente desarrollo del área del valle del arroyo Napostá, la revalorización del Paseo de las Esculturas y los parques de Mayo e Independencia, de los espacios públicos y el desarrollo del frente costero.
"Pero quizás las obras que menos se ven, demandadas por décadas, son las de saneamiento. Fue finalizado el colector cloacal de la Tercera Cuenca, el Máximo Patagonia está en ejecución y se comenzó el proyecto de reúso de líquidos cloacales", resumió.
Agregó a esto la ejecución de las cloacas en General Daniel Cerri, obra que evidencia un 80 por ciento de avance.
Destacó también la entrega de 500 viviendas, sobre un total de 2.300 en ejecución, para dar respuesta a un tercio del déficit habitacional bahiense, y la creación de la Agencia de Desarrollo Tecnológico, "que va a poner a la ciudad en la agenda mundial", explicó.

Apoyo nacional y provincial. "La ciudad está tomando una nueva fisonomía y en esto tiene mucho que ver el enorme apoyo de Nación y Provincia a Bahía Blanca. Nuestro compromiso es asumir la responsabilidad de ese cambio histórico, dar ese impulso junto con las entidades intermedias, inculcando valores y creencias que nos permitan saber que hay cuestiones pendientes y que necesitamos de los vecinos para solucionarlas", destacó el jefe comunal.
Aseguró que "no pierde las esperanzas" de disponer de un plan para pavimentar todas las calles antes de 2028. "Creemos en las políticas de Estado y para eso necesitamos la corresponsabilidad del organismo deliberativo".
Por último, destacó que las obras realizadas con fondos municipales fueron consecuencia del "excelente cumplimiento" de los contribuyentes, con un porcentaje de cobrabilidad del 80 por ciento en tasas e impuestos, anticipando que "más allá del ajuste inflacionario", no habrá, en 2011, aumento tributarios.

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Pavimento: a paso firme

A pesar de las críticas ensayadas desde sectores opositores, asegurando que durante este año se ha realizado muy poco en materia de pavimentación, desde el gobierno municipal se aseguró en que en 2010 se invirtieron cerca de 100 millones de pesos en el rubro, sumando aportes propios, provinciales y nacionales, realizando el equivalente a 350 cuadras.
De las 370 cuadras anunciadas por el gobierno nacional a fines de 2008, la comuna recibió a la fecha el dinero para ejecutar 160, estando terminadas 37 y el resto con distintos grados de concreción.
Rubén Valerio, secretario de Obras Públicas y Servicios, destacó que el municipio realizó, con dineros de Nación, 161.313 metros cuadrados de pavimento, incluyendo en esa superficie la rotonda de calle Don Bosco y Carlos Gardel, La Carrindanga --entre el parque de Mayo y el camino de Circunvalación--, el Camino Parque Sesquicentenario y los accesos a General Daniel Cerri y al balneario Maldonado.
Con 33,5 millones de pesos aportados por la provincia se ejecuta la doble trocha desde la avenida 14 de Julio hasta la aeroestación civil Comandante Espora, a la cual se sumó la repavimentación desde la rotonda de la ruta 51 hasta Grünbein.
Por último, se realizaron 17 cuadras mediante el sistema de contrato directo vecino-empresa.
En resumen, asumiendo que una cuadra de pavimento ocupa 1.000 metros cuadrados, los trabajos realizados en 2010 con fondos nacionales, provinciales y municipales, equivalen --según resumió Valerio-- a un total de 340 cuadras.
"Con esto queda demostrado que tanto Nación como Provincia han realizado un aporte importante en pavimentación", explicó el funcionario.


Algunos números del 2010

Los siguientes son algunos de los guarismos aportados por el Ejecutivo municipal sobre las acciones concretadas el año pasado.
Gestión Social.
* 20.000 familias asistidas en materia social.
* 5.000 niños con asistencia directa mediante programas para la niñez.
* 1.300 jóvenes en la Escuela Municipal de Oficios San Roque.
Gestión cultural.
* 100.000 asistentes al programa Bahía Vive.
* 90.000 bahienses asistieron al Teatro Municipal, donde hubo 302 funciones.
* 30 artistas locales recibieron por primera vez asistencia del Fondo Municipal de las Artes.
Salud.
* 1.200.000 prestaciones.
* 80.000 dosis de vacunas contra la gripe A.
* 10.000 beneficiarios del Plan Nacer.
* 6.500 castraciones caninas y felinas.
* 11 salas de atención primaria remodeladas.
Obras públicas.
* 99.060 vecinos beneficiados con alguna obra.
* 3.000 bahienses recibieron una nueva vivienda y 13.300 se beneficiarán con otras en ejecución.
* 14.000 bahienses servidos con colectores principales y
* 30 kilómetros de bicisendas.
secundarios de cloacas.
* 23,8 kilómetros de caminos y rutas pavimentadas y repavimentadas.


JUSTICIA SOCIAL DESENCAMINADA Por Alberto Asseff


Decía Disraeli – el arquitecto final del imperio británico – que “un libro puede ser tan importante como una batalla”. Estos renglones no son un libro, pero podrían integrarlo y la Argentina no está en guerra aunque su día a día se le parece.

Doscientos años después de esa alborada de esperanzas, la Argentina sigue cohabitando con la injusticia. Con la inequidad a secas y con la social. Un dato trae escalofríos: el 50% de la población urbana de nuestro país sufre de insuficiencia habitacional. La consecuencia es altos e inalcanzables alquileres, promiscuidad, villas y hasta vivir en la calle. Sobrevivir, en rigor.

Comienzo con la vivienda porque condiciona todo lo restante. Para pensar en agua corriente, servicio cloacal, electricidad, calefacción, piso de material y demás, primero debe existir el hogar. Yendo más allá, la propia existencia de la familia, la formación moral, la posibilidad de estudiar y completar la tarea escolar y otros bienes intangibles se ligan con la casa. La estadística, pues, nos da un reto enorme. En el doble sentido de reto.

Nadie en su quicio confronta sobre la justicia social. Es un anhelo colectivo ultrapartidario y supraideológico. En teoría no se discute. Es un valor incorporado. Empero, no por proclamado y verbalizado, conseguido. Pareciera que avanzamos, pero seguimos detenidos. Peor, cuanto más retórica, más lejos de obtenerla.

Algo nos pasa. Gastamos per cápita igual o más que EE.UU. en administración de Justicia, Programas de Ayuda Social, Salud y otros sectores, pero los servicios son deplorablemente de menor calidad. Decididamente, los resultados son malos.

Una clave se halla en qué porcentual se asigna a la administración de este o aquel programa social y cuánto al plan en sí mismo. Un ejemplo a la mano es el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: el 80% de su presupuesto es para sostener salarios de sus 135 mil agentes. Con el resto hay que hacer obras o comprar insumos, por caso para equipar a los hospitales y escuelas. ¡Una desproporción que salta a la vista! Nosotros tenemos una burocracia gigantesca, pero prestaciones para pigmeos. Lo elefantiásico es su inoperancia, su infecundidad. Nos tiene acorazados.

No es sólo esta desequilibrada asignación de los recursos lo que conspira contra la justicia social. Padecemos una enfermedad silenciosa que se extiende y se ha vuelto crónica: nos place el desorden. Como dice el tango, “vivimos revolcados” en él. Se nos ha hecho carne eso de que “cualquier taller de fragua parece un mundo que se derrumba”. Hemos sido tomados por la falacia de creer que para construir hay que hacer mucho ruido y emplear bastante violencia.

Vamos por la justicia social en son de guerra y dispuestos a quebrar la resistencia. Es notorio que nos desfasamos y obramos en la segunda década del s.XXI como una centuria atrás. Transpolamos tiempos y pugnas. Equivocamos de contendientes

A fines del XIX y en los inicios del siglo pasado, efectivamente el pensamiento y sobre todo los intereses dominantes eran un antemural para las conquistas y transformaciones sociales. La puja fue dura y tuvo aristas literalmente crueles. Pero la gran batalla se ganó. El señorío nuevo de la justicia social no se controvierte. El asunto es si deviene en realidad después de tanto esfuerzo.

Antaño el enemigo interno eran los grandes propietarios, tanto rurales como urbanos y, esencialmente, los dueños de los grupos semimonopólicos, generalmente de origen foráneo. Era la época de dos clases: la poderosa – minoría ama y señora -y la obrera.

La inmigración y los derechos políticos para todos, incluidas las masas nativas que se hicieron ciudadanas, forjaron otro país. Así nació la bendita clase media, reprochada de cholula, mutante, escasamente vinculada a la tierra y tantísimos otros estigmas, pero que fue, es y será el estandarte esplendoroso de la Argentina soñada.

La clase media es movilidad social y esta migración de estamentos del entramado de la sociedad es la garantía de progreso. Lula se fue aclamado a su casa porque transformó a 30 millones de pobres en clase media. Ese es el mayor éxito en el balance de una gestión. Todo lo demás es cháchara. O populismo o barata demagogia.

Paralelamente, la economía se fue ‘democratizando’ y si bien los grandes grupos o corporaciones subsisten, aquí y en el mundo entero, emergieron las PYMES productivas y de servicios, los profesionales, los oficios y más. En el campo, la propiedad se fue ampliando irrumpiendo los pequeños productores. Cierto es que hay vaivenes inquietantes como los “pools” y los sinsabores de las pequeñas empresas, agobiados por cíclicos obstáculos y sobre todo por la inconcebible falta de crédito. Es paradójico: cada vez más circulante, pero menos préstamos para la actividad económica. Pero la tendencia es a desplegar el protagonismo social en la economía: ya no existe un puñado de oligarcas. Ahora hay millones de actores inasequibles a la abdicación de su vocación emprendedora y de trabajo.

El otro aspecto esencial para el buen camino hacia la justicia social es la ley y el orden. En los tiempos de las luchas políticas ardientes el objetivo era hacer la revolución, esto es una mutuación casi mágica del viejo sistema para alumbrar cambios rápidos. La revolución ansiada era el efecto del régimen retardatario. Este se encastilló, presumiéndose invulnerable, y repelía las reformas. Aquélla lo conmovía cada vez más ansiosa, protestante y virulenta.

Empero, hogaño la revolución se llama cumplir la ley y que rija el orden. Hoy es más revolucionario acordar que seguir peleando. Audaz es quien concuerda, no quien persiste en la brega. Tiene una explicación: en el siglo XIX la ley expresaba las relaciones de predominio socio-económico vigentes. Consecuentemente, se debía combatir a la ley para reformarla. El ejemplo fue la Reforma Universitaria que, de paso digamos, fogoneó formidablemente la emergencia de la clase media.

Con los logros de la lucha política, las leyes se fueron adaptando a la nueva voluntad general. Entonces, ¿qué sentido tiene incumplir o rebelarse contra ley si es la que nos protege y ampara? La ley dejó de ser la enemiga. Y el orden es un gran aliado del llano, que es el que sufre si falta.

Es una flagrante sinrazón que vivamos fuera de la ley, que todos los días la trampeemos, que la acomodemos elásticamente, que liemos contra ella en lugar de cumplirla a rajatabla. Estamos librando una contienda errada. Violamos la ley haciéndole el juego a quienes o no tienen interés en que irgamos en el sur del planeta un gran país o a quienes le conviene el desorden.

Hoy hay que seguir ‘combatiendo al capital’ corrupto, el que proviene de los latrocinios o del lavado, al capital especulativo de la ingeniería financiera que produce burbujas, al que no hesita en contaminar y en traficar ilegalmente. Pero hoy el capital de riesgo es nuestro mejor aliado. Es una bendición inversora para crear trabajo y movilizar la riqueza. Ese capital es socio de la ley y del orden. Es el primero en huir del desorden y de la ilegalidad.

Ergo, la ley y el orden se alistan en las filas del pueblo, el de todas las clases, el que entrelaza la comunidad en el proyecto nacional. Proyecto que nos da autonomía individual y una guía colectiva.

La ley y el orden son progreso seguro. Anclan los capitales genuinos propios y estimulan el arribo de los ajenos. Entre los dos, con el pueblo como actor de primer cartel, cimentan el progreso social.

Con la ley y el orden quedará sepultada la falsa justicia mediante la dádiva. Nadie – salvo el marginado que sí o sí debe ser ayudado porque tiene segado su camino – dependerá de la asistencia. La ley y el orden proveerán el marco general para su desarrollo humano y familiar y el Estado velará para que se preserve el equilibrio social.

Estamos buscando la justicia social mediante piquetes, okupas, transgresiones a la ley, desorden por doquier, bregas políticas de vuelo diminuto. Estamos desencaminados: la justicia social está cada vez más lejos. La ruta correcta tiene las señales ocultadas: ley y orden. Si la encontramos, tendremos futuro.